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Politica

Los partidos en RD: la erosión del sistema; Alofoke no es la causa, es síntoma

Un sistema partidario que ya no representa a la mayoría

Los que de una forma u otra hacemos análisis, comentarios y pretendemos crear opinión pública. Queremos ver en Santiago —Alofoke—  Matías las causas del deterioro de la representatividad, legitimidad y desconfianza en los partidos.

Pero la realidad es la que explica con números una de las encuestas de las distintas  firmas que se estan haciendo.

Por ejemplo: ACD‑Media revela un dato que sintetiza el momento político dominicano: seis de cada diez ciudadanos no se identifican con ningún partido político. Esta cifra no es solo un indicador de desapego; es la evidencia de que el sistema de partidos perdió su capacidad de representar a la mayoría de la sociedad.

La política ya no se articula alrededor de identidades partidarias, sino alrededor de percepciones momentáneas, liderazgos mediáticos y estímulos digitales. El error de interpretación está en sumar partidos como si representaran a todo el país.

Una lectura superficial de los datos lleva a algunos analistas a sumar los porcentajes del PRM, PLD, FP y otros, concluyendo que “los partidos todavía mantienen una aceptación sólida”. Pero esa interpretación es metodológicamente incorrecta.

La encuesta establece que: 60.6% NO simpatiza por ningún partido. El 39.4% si simpatiza por alguno

Por lo tanto, solo el 39.4% constituye el universo real de simpatizantes partidarios. El resto —la mayoría del país— está fuera del sistema partidario.

Si se recalculan los porcentajes sobre ese universo real, la fotografía cambia: el PRM = 45% del universo de simpatizantes. PLD = 28%. FP= 20%. Otros = 2%

Esto revela algo fundamental: los partidos no compiten por la sociedad completa, sino por un segmento minoritario.

La situación del sistema partidario es más crítica de lo que parece cuando se analiza correctamente. Los partidos perdieron sociedad, no solo votos

El deterioro no es electoral: es estructural. Los partidos dejaron de cumplir su función esencial: representar, articular demandas, producir liderazgos y generar sentido de pertenencia. Aunque PRM, PLD y FP conservan porcentajes relevantes dentro del universo de simpatizantes, ese universo es pequeño.

La política dominicana se ha convertido en un espacio donde los partidos existen, pero no convocan; compiten, no movilizan; participan y no representan.

Alofoke: consecuencia del vacío institucional

Meses atrás advertimos que Alofoke no era un candidato competitivo, sino un actor disruptivo que se alimentaba del deterioro institucional. Su 6.3% y, subiendo, en la encuesta no expresa fuerza propia, sino debilidad partidaria.

Alofoke crece porque los partidos son débiles.

Su influencia digital ocupa el espacio que antes ocupaban las estructuras territoriales, los comités de base y las redes de militancia. Eso lo dije en un artículo anterior y lo reitero en este.

El fenómeno Alofoke no es la causa del deterioro del sistema de partidos: es el síntoma más visible de su erosión.

La política en el país se volvió emocional, sin ideologías y sin un concepto del por qué gobernar. Con esto no quiero decir que no haya una guerra identitaria y cultural.

Que nada tiene que ver con la economía. Ejemplo lo encontramos en las consignas: “Vuelve el León”. “El Cambio Sigue”. “Para comer mejor”. “Vamos a trabajar”. Y cuantas más que un tipo que gana millones “loquiando” les quieran pagar.

En fin, ¿Qué es eso?

La mayoría del electorado ya no se mueve por identificación partidaria, sino por estímulos inmediatos. El voto se ha convertido en un acto de reacción, no de pertenencia.

En ese terreno, actores mediáticos logran instalarse porque operan donde los partidos ya no compiten: la emocionalidad, la cultura digital, la narrativa de lo cotidiano.

El verdadero problema: un sistema de partidos que dejó de organizar la política El riesgo no es Alofoke. El riesgo es que los partidos ya no representan a la mayoría de la población.

Cuando seis de cada diez ciudadanos están fuera del sistema partidario, la institucionalidad entra en una fase de vulnerabilidad: aumenta la volatilidad electoral, se fragmenta el voto, se debilitan los liderazgos y se abre espacio para actores no institucionales.

La evidencia es clara: el sistema de partidos dominicano está en una fase de desgaste profundo, cuando solo 4 millones de ocho vota. Y es en ese cuarenta que se mueven los partidos. Es por tanto en ese sesenta que cualquiera, ninguno o nadie crece…

Alofoke no es la causa de ese deterioro; es la señal de alarma que confirma que los partidos perdieron su capacidad de representar, movilizar y convocar.

 

Por Javier Fuentes

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