Medioambiental Pese a los esfuerzos del ayuntamiento, los residentes de la zona lanzan basura, chatarras y colchones al cauce, desafiando a la naturaleza Un vertedero de basura es creado por los lugareños en uno de los lugares abierto de la cañada.
Con cualquier descuido o lluvias estos desperdicios terminarían en el mismo cause.
Jorge González Creado: 19.05.2026 | 13:08 Actualizado: 20.05.2026 | 07:54 En: Ya pasan de las 8:00 de la mañana y el sol comienza a calentar, en el sector Las 800 de Los Ríos en el Distrito Nacional, el cantar de varios gallos se escucha a lo lejos.
Una briza fresca empieza a azotar la zona, también un olor aguas estancadas, casi irrespirable flota en el aire.
Y sigo caminando y observando el lugar.
A pocos metros, la cañada arrastra una corriente mansa pero densa.
En sus orillas, la hierba verde ha sido mutilada por las recientes vaguadas.
Hay en algunos lugares basura que espera la complicidad del viento para caer al cauce.
Decenas de casas en la orilla se afincan con más fuerza a sus pies de concreto para no caer.
Un colchón viejo, despanzurrado y cubierto de lodo, frena el paso del agua.
A su lado, los resortes oxidados de un sillón actúan como una trampa.
Cada objeto acumulado en el fondo acelera el reloj hacia el próximo desastre.
Cada vez que llueve de forma torrencial este sector es uno de los más afectados.
Una mujer camina por un área cercana a la cañada Las 800 donde se ve un montón de basura.
Jorge González «Aquí la gente sabe lo que pasa cuando llueve, pero parece que se les olvida rápido», me explica un vecino mientras observa el estancamiento.
Es una ironía que se repite semanalmente en el barrio.
Los camiones del ayuntamiento de la capital llegan puntuales, dos y tres veces por semana.
Los obreros limpian las aceras, recogen bolsas y barren la desidia de las calles.
Sin embargo, apenas el camión dobla la esquina, el ciclo destructivo recomienza.
Bolsas negras y de supermercados vuelan desde los patios directamente hacia la orilla o el fondo del cauce.
La comodidad momentánea de unos pocos, siembra la desgracia de toda la comunidad.
Nacionales Jorge González El peligro no solo viene de los hogares del sector.
En las áreas verdes, destinadas al esparcimiento, los talleres mecánicos improvisados han echado raíces.
El suelo, que debería ser jardín, está manchado de negro por el combustible.
Carrocerías desmanteladas y piezas inservibles se amontonan junto a los árboles.
Estas chatarras esperan una tormenta para convertirse en proyectiles flotantes.
El espacio público ha sido canjeado por el desorden y el riesgo ambiental permanente.
Los residentes recuerdan con temor las inundaciones pasadas, cuando el agua reclamó sus vidas.
El lodo cubrió techos y las pérdidas materiales destrozaron decenas de hogares.
El miedo fue real, pero la memoria parece ser increíblemente corta.
Hoy, la cañada de Las 800 sigue siendo un vertedero a cielo abierto.
Entre colchones, motores viejos y basura, el peligro acecha con paciencia gris.
La próxima tormenta decidirá si el barrio aprendió la lección o repetirá su tragedia.
Periodista, fotógrafo, reportajista y editor fotográfico de El Nacional Lo más reciente Pilar Moreno Tomás Vidal Rodríguez Agencia EFE Agencia EFE.










