
Hallazgo publicado en Science Advances abre vía a posibles intervenciones reales
Un estudio de laboratorio de la Universidad de Stanford demostró que corales blanqueados pueden recuperarse al ser puestos en contacto con corales sanos, un avance que podría escalarse para intervenir arrecifes en el mundo real.
Los arrecifes de coral se enfrentan a una amenaza existencial debido al aumento de la temperatura del agua del mar, que desencadena un blanqueamiento generalizado, un problema impulsado por el cambio climático y agravado por el intenso fenómeno de El Niño de este año. Pero un nuevo estudio de laboratorio realizado por científicos de la Universidad de Stanford concluye que basta con poner corales sanos y coloridos en contacto con sus homólogos blanqueados para que estos últimos regresen del borde de la muerte.
El hallazgo, publicado el miércoles en la revista Science Advances, podría eventualmente abrir el camino a intervenciones en el mundo real si se logra escalarlo. ‘Es impresionante’, dijo a la el autor principal, Daniel Collins, sobre el resultado de los experimentos. Fue un ‘momento eureka’, recuerda el científico, cuando vio por primera vez resultados positivos y corrió a la oficina de su supervisor del doctorado para compartir la noticia.
El equipo de Stanford llevó a cabo una serie de pruebas con parejas de corales coliflor y descubrió que cinco días de contacto entre fragmentos sanos y blanqueados bastaban para que estos últimos iniciaran una espectacular recuperación, momento a partir del cual podían separarse sin riesgo. El equipo bautizó informalmente este método como ‘manos amigas’. La clave del éxito es la transferencia de algas fotosintéticas sanas, también conocidas como simbiontes, de las cuales los corales obtienen su color.
Los experimentos revelaron importantes limitaciones: tres días de contacto eran el mínimo necesario para que un coral blanqueado empezara a recuperarse, y cinco aseguraban una recuperación total. Además, tenían que estar en contacto directo; separados por unos pocos milímetros, no ocurría nada significativo. Collins dijo que la idea surgió de un estudio que mostró que los desechos plásticos en el océano pueden favorecer enfermedades en los corales al transferir patógenos dañinos, lo que le hizo preguntarse si sería posible invertir ese mecanismo, y de un feliz accidente observado por Stephen Palumbi, autor senior del estudio, quien notó en su laboratorio que un coral sano y uno blanqueado se habían caído y estaban en contacto, y que el coral blanqueado había comenzado a recuperarse.









