La manipulación desde el poder político y empresarial , asociadas a las mafias organizadas sobre el poder judicial, es la mayor conspiración que se le puede hacer a la conquista de un sistema de derecho.
La perversidad de controlar la justicia es el peor atropello que se puede cometer al ciudadano de a pies sumido en la desigualdad, que espera tener la protección de un espacio donde la correcta administración de justicia, lo haga sentirse respetado en sus derechos y valorado en su igualdad como ciudadano.
La práctica política no debe ser perversa sino reivindicativa y garante de las aspiraciones legítimas de libertad, progreso y equidad social del ser humano.
La vocación dictatorial nace en la proclividad de controlar la justicia para aupar y consolidar la corrupción.
La familia, célula constitutiva de la sociedad, vive en estos momentos los embates más inescrupulosos de una administración de justicia, que no ha creado los precedentes impostergables de responsabilidad jurídica frente a los casos de corrupción más bochornosos que sufre nuestra sociedad.
Los países crecen moralmente cuando defienden con transparencia el proceder de las generaciones por venir, dando ejemplos de respeto al erario para así garantizar el equilibrio del Estado en el uso del patrimonio de todos.
Entendemos que el gran reto de los dominicanos es luchar por el saneamiento de la justicia, para lograr un sistema de derecho donde desde el más rico, hasta el más humilde servidor, sean iguales ante la ley.
Recuperar la credibilidad jurídica es el camino para una mayor seguridad ciudadana.
De esta forma, fortalecemos nuestra democracia con el peso de la justicia y los designios de Dios.
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