EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.- Un día como hoy, en 1958, nació en Gary, Indiana, un niño que terminaría cambiando para siempre la historia de la música. Michael Jackson no solo se convirtió en el “Rey del Pop”; construyó un lenguaje propio en el que la música, el baile, la imagen y el espectáculo podían convivir en un mismo escenario.
Su historia musical comenzó prácticamente desde la infancia. Siendo apenas un niño, se convirtió en la voz principal de The Jackson 5, el grupo familiar con el que alcanzó sus primeros grandes éxitos. Canciones como I Want You Back, ABCy I’ll Be There lo llevaron rápidamente a los primeros lugares y mostraron un talento que parecía demasiado grande para su edad.
Pero el verdadero salto llegó cuando Jackson decidió caminar solo. En 1979, Off the Wall demostró que aquel niño prodigio podía convertirse en una estrella adulta. Luego llegó 1982, el año que cambiaría la industria para siempre. Thriller no fue simplemente un álbum exitoso: se convirtió en un fenómeno cultural. Sus canciones dominaron las listas, sus videoclips transformaron la televisión musical y su manera de bailar creó movimientos que todavía forman parte de la cultura popular.

El escenario también se convirtió en su territorio. El moonwalk, presentado mundialmente durante su actuación de Billie Jean en 1983, se transformó en una de sus firmas más reconocibles. Pero detrás de aquel movimiento aparentemente sencillo había una obsesión por la precisión: cada paso, cada pausa, cada gesto y cada efecto visual formaban parte de una puesta en escena cuidadosamente construida.
Después de Thriller llegaron Bad, Dangerous y HIStory, trabajos que confirmaron que su impacto no dependía de un solo éxito. Bad, Smooth Criminal, Black or White, Remember the Time, Earth Song y They Don’t Care About Usampliaron su repertorio y mostraron diferentes facetas de un artista que podía pasar del pop y el funk a canciones con fuertes mensajes sociales.
Jackson también entendió antes que muchos que un videoclip podía ser mucho más que una herramienta promocional. Con producciones como Thriller, Bad y Black or White, convirtió cada lanzamiento en un acontecimiento. Sus videos tenían argumento, coreografía, grandes producciones y una estética cinematográfica que ayudó a cambiar para siempre la relación entre la música y la imagen.
Su carrera, sin embargo, estuvo acompañada por una enorme exposición pública. Mientras sus canciones rompían récords y sus conciertos llenaban estadios, su vida personal comenzó a ocupar titulares. Las transformaciones físicas, las controversias y las acusaciones que enfrentó terminaron construyendo alrededor de la estrella una narrativa tan intensa como su propia música.
A pesar de todo, cuando se habla de Michael Jackson, inevitablemente se vuelve a la música. A sus pasos imposibles, a su voz característica, a los guantes, a los escenarios gigantes y a millones de personas intentando imitar una coreografía frente al televisor. Su influencia atravesó generaciones, fronteras y géneros musicales.
Jackson murió el 25 de junio de 2009, a los 50 años, cuando preparaba su regreso a los escenarios con la serie de conciertos This Is It. Pero su muerte no significó el final de su presencia artística. Sus canciones continuaron sonando y nuevas generaciones descubrieron al intérprete que, desde niño, parecía destinado a vivir bajo los reflectores.
Hoy, cuando habría cumplido 68 años, su nombre sigue asociado a una época en la que una canción podía detener al mundo y un baile podía convertirse en un fenómeno global.
Michael Jackson se fue hace 17 años, pero el Rey del Pop nunca abandonó el escenario. Porque algunas estrellas dejan canciones; otras dejan una época. Él dejó ambas.












