De caminatas presidenciales a paseos en bicicleta, el parque se consolida como tendencia nacional.
El Mirador del Sur, entre la Churchill y la Luperón, es más que un parque: es un fenómeno social donde la salud, la historia y la vida nocturna se entrelazan, reflejando una tendencia global de pulmones urbanos.
Cada mañana y tarde, cientos de capitalinos llegan en autos y pipetas al Mirador del Sur para caminar o montar bicicletas, en una rutina que trasciende clases sociales. Aunque muchos lo comparan con el Central Park de Nueva York, el parque dominicano tiene su propia identidad, forjada en décadas de historia y convivencia.
El origen de su fama se remonta a los años 90, cuando el presidente Joaquín Balaguer, con su característico sombrero, realizaba caminatas matutinas que eran seguidas por la prensa y la población. Esa imagen convirtió al paseo en la ‘Avenida de la Salud’, un título que hoy atrae a miles en busca de bienestar, en un país donde las enfermedades crónicas son una preocupación creciente.
El parque también es un museo de la vida nocturna capitalina. En sus alrededores, la Discoteca La Guácara Taína, con sus estalactitas, compitió con lugares como Neón, Stringfellow y Euroclub. Aquellos que recorrían varias discotecas en una noche recuerdan que el ruido no dañó las formaciones naturales, un testimonio de la resistencia del entorno.
Hoy, el Mirador del Sur es un punto de encuentro intergeneracional, donde se mezclan recuerdos de mítines políticos y fotografías aéreas con la realidad de un parque que, pese a las críticas, cuenta con brigadas de limpieza. Su mantenimiento es clave para que siga siendo un pulmón urbano, en línea con las tendencias internacionales de ciudades sostenibles.









