
El control de las favelas por comandos como el PCC y el TCP condiciona el debate político en Brasil
La segunda vuelta electoral en Brasil entre Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro pone sobre la mesa el poder del narcotráfico y la violencia que afecta a niños y jóvenes, un fenómeno con ramificaciones internacionales y relevancia para la diáspora dominicana.
A pocos días de la segunda vuelta, la campaña brasileña se ha centrado en la violencia infantil y el narcotráfico. En la favela Cabana do Pai Tomás, en Belo Horizonte, la directora de una escuela, Renata, advierte que muchos alumnos son víctimas de violencia doméstica y del narcotráfico, y algunos pueden ser captados por grupos criminales.
Rosa Inés da Silva, líder popular de 70 años, explica que los grandes comandos se reparten la ciudad y que el Terceiro Comando Puro (TCP) controla la zona con estructuras paralelas al Estado. La investigadora Roberta Fernandes, de la Universidad de Minas Gerais, señala que el TCP domina la comunidad, usa la religión, es bélico y capta jóvenes y niños.
El TCP es socio del Primeiro Comando da Capital (PCC), fundado en una cárcel de São Paulo en los 90, con 40.000 miembros y presencia en toda América Latina. El Comando Vermelho, nacido en Río de Janeiro, ha diversificado sus operaciones hacia empresas formales de bebidas, combustible, telefonía e internet, según Fernandes, lo que complica la labor policial y exige mayor inversión en inteligencia.
El expresidente Trump anunció declarar a estas organizaciones como terroristas, lo que fue aplaudido por Bolsonaro y calificado por Lula como injerencia que abre la puerta a operaciones en territorio brasileño. Estas visiones contrapuestas se dirimen en las urnas este domingo, en un contexto de creciente preocupación regional por el crimen transnacional.









