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Politica

No pienses en una mordaza

Cuando Lakoff escribía en 2004 sobre el elefante, o mejor dicho, sobre cómo los marcos conceptuales influyen en la forma en que procesamos la realidad que nos rodea, y, en última instancia, tomamos decisiones sobre la base de creencias, sentimientos o pasiones, y no a partir de datos o informaciones verificables; más que un manual, escribía para que el Partido Demócrata pudiera retomar la iniciativa política que los republicanos empezaban a arrebatarle; proceso que, lejos de haber acabado, alcanzó su clímax con el triunfo indiscutido de Trump.

Tanto la comunicación política, la lingüística cognitiva o la psicología social, reconocen el enmarcamiento (framing).

Etiquetar delimita el debate y lo reduce.

Cuando el adjetivo sustituye al sustantivo, el proceso de simplificación semiótica se concreta.

Las etiquetas han sido utilizadas políticamente en todas las épocas.

Que Luntz, Kahneman, Goffman, Lacan, Wittgenstein o Chomsky escribieran sobre el tema desde sus respectivos ámbitos de estudio es un ejercicio académico, pero que esté en marcha un proceso de instalar en el inconsciente colectivo la idea de que el Código Penal (Ley 74-25) que entrará en vigencia en agosto –luego de una vacatio legis de un año–, constituye una “Ley Mordaza” que vendría a silenciar la opinión pública y conculcar la libertad de expresión, es una realidad fáctica.

Contra una etiqueta tan poderosa, es poco lo que puede hacerse para revertirla o contrarrestarla, porque las etiquetas no operan aisladas, sino que se expresan en clave de marcos referenciales.

El concepto “Ley Mordaza” cumple su función reduccionista si en el imaginario colectivo se encuentra instalada la idea de que el gobierno quiere coartar el derecho a la libertad de expresión.

De lo contrario, no.

El cerebro es un vago y elige descriptores simples antes grandes conceptos.

Frente a una etiqueta, los datos o estadísticas son irrelevantes, porque las etiquetas operan desde las pasiones y los datos desde el intelecto.

Por eso son insuficientes resúmenes, estadísticas o explicaciones académicas, que, lejos de aclarar dudas, refuerzan los sesgos cognitivos.

Las etiquetas se combaten con etiquetas diferentes, los marcos referenciales dominantes con nuevos marcos de diseño específico.

Sin hacer apología al nuevo Código Penal; criticar la consuetudinaria manía del homo dominicanensis de dejarlo todo para último, incluyendo las oportunidades de mejora de una pieza que debió ser discutida durante todo un año, pero se decidió hacerlo in extremis; o resaltar la patológica manía de estas autoridades de aguantar toda la presión hasta el final, para luego “enclochar” y olímpicamente meter la reversa, como si nunca fueran advertidas con tiempo sobre lo conveniente o estratégico que resultaba hacerlo; lo cierto es que el relato “mordaza” cobra cuerpo y desde el gobierno es poco lo que se hace para evitarlo.

Sean o no espontáneas, autónomas, genuinas, interesadas, dirigidas, manipuladas o politizadas, las sumatorias de reacciones adversas a la entrada en vigencia del Código Penal se van sumando.

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