La calidad de la pensión por vejez se mide por el acceso que brinde a las poblaciones más vulnerables y por el ahorro tesonero que le otorga su sostenibilidad.
De nada vale prometer quimeras, tampoco basta con ahorrar para pensiones que desaparezcan al poco tiempo.
Es desde esta visión que la Superintendencia de Pensiones (SIPEN) evalúa las propuestas de políticas públicas que recibe: a partir de los datos, que permiten identificar y cuantificar las necesidades de la población dominicana, y a partir de la evidencia de lo que funciona y su viabilidad en el contexto dominicano.
Los datos muestran tendencias que debemos atender: menos del 20% de los afiliados alcanzaría, para el año 2050, los 25 años de cotización necesarios para una pensión mínima garantizada.
Entre el 2030 y 2040, solo un 12% de los afiliados mayores de 60 años tendría acceso a una pensión de por vida, porque muchos no logran acumular suficientes años de cotización y debido la informalidad laboral, o a ambas.
Este ahorro del afiliado está en su cuenta, solo que no alcanza para una cobertura sostenible, que es, por definición, lo que debe cumplir una pensión por vejez.
Estos mismos datos, esta vez financieros, muestran que el Sistema de Pensiones ha sido eficiente en la acumulación solidaria y en la rentabilidad de los aportes.
El reto, entonces, es de acceso, además de ahorro individual.
Esto nos lleva a la pregunta de qué funciona para garantizar una cobertura sostenible y suficiente.
Organismos como la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el Banco Mundial y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) coinciden en que los sistemas de pensiones modernos deben avanzar hacia modelos multipilares: una combinación equilibrada entre protección social, ahorro individual y ahorro voluntario complementario.
Esto exige consensos y compromisos sólidos.
Si se logra ese abordaje, es posible aspirar a una cobertura suficiente y continua.
Según el Índice Global de Pensiones del Instituto Mercer, los países mejor posicionados, Países Bajos y Dinamarca a nivel mundial, y Chile en nuestra región, han adoptado alguna forma de este modelo multipilar.
Cada país tiene su propio camino, pero los aprendizajes son comunes: acceso, ahorro y sostenibilidad.
De las propuestas evaluadas por la SIPEN, identificamos tres actualizaciones esenciales para el sistema: La primera es atender a la población más desprotegida.
Los modelos actuariales muestran que es sostenible reducir, de 25 a 15 años, el tiempo de cotización requerido para acceder a una pensión mínima garantizada y ajustada por inflación, durante los próximos 20 años, a través del Fondo de Solidaridad.
Pasado ese plazo, el requisito volvería a 25 años, para no desincentivar el ahorro.
La segunda es reconocer que el mercado laboral ya no es el de hace 20 años.
La evidencia muestra que los sistemas de pensiones efectivos adoptan mecanismos de ahorro complementario flexibles, que dan acceso a nuevas formas de productividad individual, mejoran las pensiones y mitigan riesgos como la falta de vivienda propia o los gastos de salud y educación.
La tercera es fortalecer, de forma gradual, el ahorro para el retiro, para lograr pensiones suficientes y de por vida para los dominicanos.
Las reformas pensionales nunca son sencillas.
Requieren diálogo, consenso, compromiso y una mirada de largo plazo, sin embargo no actuar tiene costos aún mayores.
Porque hablar de pensiones no es hablar solamente del retiro, es hablar del país en el que queremos envejecer.
El autor es, Superintendente de Pensiones Tags relacionados LAS MÁS RECIENTES Edición impresa la república-ciudad la república-justicia.












