Los enfrentamientos bélicos en el Medio Oriente han servido para que los economistas replanteen el concepto de normalidad aplicado en la formulación de pronósticos.
La normalidad como factor dentro de la elaboración de predicciones está ligado al criterio de estabilidad.
Cualquier circunstancia que implique la perspectiva de que ocurran cambios significativos en el comportamiento económico, incide lógicamente sobre la visión de cómo responderá la producción, el consumo, el comercio, las inversiones y demás actividades.
El efecto puede ser favorable o desfavorable, pero sea uno u otro el tipo de reacción es habitual esperar que habrá consecuencias como resultado de los cambios, y que la naturaleza y dimensión de esas consecuencias esté relacionada con la magnitud de dichos cambios.
En el caso de un conflicto armado en una zona en la que se produce un porcentaje importante del petróleo y gas que se comercia internacionalmente, es evidente que la intensidad de los efectos previstos debe ser muy alta, y así fue durante años.
Cuando se hablaba de lo posibilidad de una guerra que involucrase a Israel, Irán, Iraq y los otros países exportadores de la región, los pronósticos acerca del impacto que ese acontecimiento tendría sobre la economía mundial eran dramáticos.
No era descartable que pudiera provocar una nueva gran recesión, con daños duraderos a la infraestructura productiva que tomaría años reparar.
Es obvio que los efectos de tal clase de evento traumático no se pueden tomar a la ligera.
Ante la confrontación que ha ocurrido en la zona, entidades como el Banco Mundial y diversos centros de estudio privado continúan presentando panoramas inquietantes respecto de los posibles perjuicios que podrían derivarse de la prolongación del conflicto.
Pero se ha observado también una notable e inesperada capacidad de adaptación a lo que estuvo aconteciendo.
Luego de unas primeras fluctuaciones amplias, las actividades económicas a nivel mundial fueron ajustándose rápidamente a la realidad, desafiando los vaticinios que en la época de paz relativa se formularon en torno a lo que pasaría si estallara una guerra en la región.
Esa capacidad de adaptación ha llevado a revisar el concepto de normalidad como punto de partida de la inestabilidad.
Si esta última se plantea como resultante de las desviaciones de la normalidad, la velocidad con la que los eventos conflictivos se incorporan en la nueva normalidad aceptada por las fuerzas económicas es determinante para la intensidad y persistencia de las consecuencias.
De ser así, y aún falta tiempo para definir si la veloz adaptación ocurrida fue solo pasajera o particular de este caso, implicaría que el impacto de ciertos tipos de choques económicos externos puede ser menor que lo que hasta ahora se creía.
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