Desde Boston, Massachusetts, el ciudadano Rafael Subero dirige una carta pública al presidente de la República, Luis Abinader, para plantear una preocupación que trasciende a San José de Ocoa: la emigración de los jóvenes y la necesidad de convertir la provincia en un polo de empleo e inversión. Reproducimos a continuación el texto íntegro de la carta.

Excelentísimo señor presidente de la República Dominicana, Luis Abinader:
Me dirijo públicamente a usted para expresarle, en primer lugar, mi sincero agradecimiento por escuchar a la gente de nuestra provincia de San José de Ocoa y por las iniciativas que su Gobierno ha llevado hasta nuestra tierra, especialmente aquellas destinadas a las familias más necesitadas.
Agradecer lo que se hace bien no significa guardar silencio ante lo que todavía falta.
Señor Presidente, me preocupa profundamente una realidad de la que pocas veces escucho hablar a nuestras autoridades con la seriedad que merece: el deterioro social y económico que viven San José de Ocoa y, de manera particular, muchas de sus comunidades rurales.
No sé si durante sus visitas a nuestra provincia le han explicado en toda su dimensión lo que está ocurriendo.
Nuestros jóvenes continúan marchándose hacia Santo Domingo, Santiago y otras ciudades buscando educación superior, empleos formales y oportunidades que difícilmente encuentran en su propia provincia. Muchos estudian fuera y, una vez preparados, no encuentran las condiciones necesarias para regresar.
También son muchas las mujeres jóvenes que emigran buscando independencia económica y mejores posibilidades de desarrollo profesional. Como consecuencia, algunas comunidades van perdiendo población joven y económicamente activa, mientras permanecen principalmente adultos mayores y familias de escasos recursos.
Ocoa necesita empleos permanentes. Necesita empresas e inversiones capaces de generar puestos de trabajo formales, estables y dignamente remunerados.
No podemos construir el futuro de una provincia dependiendo de ayudas temporales, empleos ocasionales, nombramientos públicos o de la economía informal.
La asistencia social es necesaria para quien verdaderamente la necesita, pero una ayuda no sustituye un empleo, ni una botella política puede convertirse en modelo de desarrollo.
La verdadera transformación comienza cuando una familia puede vivir dignamente de su propio trabajo.
San José de Ocoa necesita políticas que incentiven la llegada de industrias, agroindustrias, empresas de servicios y tecnología, instituciones financieras y nuevos emprendimientos. Tenemos que convertir nuestra ubicación y nuestra producción agrícola en ventajas para atraer inversión.
El campo también necesita modernización.
Nuestras comunidades rurales necesitan mejores carreteras y caminos vecinales, pero también escuelas modernas, centros de salud adecuadamente equipados, servicios gubernamentales eficientes y acceso a la tecnología.
En estos tiempos, disponer de internet rápido y estable dejó de ser un lujo. Es una herramienta indispensable para estudiar, trabajar, emprender y competir.
Sin embargo, todavía existen comunidades donde la conectividad es limitada o demasiado costosa. A esto se suman las interrupciones del servicio eléctrico, que afectan a familias, estudiantes, agricultores y pequeños comerciantes.
Tampoco podemos conformarnos con reparaciones de emergencia o intervenciones realizadas para cambiar momentáneamente la apariencia de nuestros municipios antes de una visita oficial.
Valoramos cada obra que verdaderamente transforma la provincia, pero Ocoa necesita proyectos bien terminados, planificados y capaces de producir resultados durante décadas.
Una carretera es importante, pero también debemos preguntarnos qué oportunidades económicas circularán por ella.
Cuando nuestros jóvenes se marchan no solamente perdemos habitantes. Perdemos trabajadores, profesionales, emprendedores, productores y una generación que debería encargarse de construir el futuro de nuestras comunidades.
Con el paso del tiempo también se debilitan pequeños negocios, asociaciones comunitarias, tradiciones y actividades que durante generaciones han formado parte de nuestra identidad.
Mientras tanto, aumenta la cantidad de adultos mayores que necesitan servicios médicos, protección social y acompañamiento.
Ocoa es una provincia agrícola y montañosa. Nuestros productores trabajan la tierra enfrentando altos costos, dificultades de transporte y comercialización y una creciente incertidumbre frente a los fenómenos climáticos.
Tenemos que dar un paso adelante. No podemos limitarnos a producir. Debemos crear las condiciones para procesar, empacar, industrializar y comercializar nuestros productos desde la propia provincia.
Eso significa inversión. Eso significa empresas. Eso significa empleos. Y significa jóvenes que encuentran razones para quedarse en Ocoa.
También debemos hablar de las consecuencias sociales de la falta de oportunidades.
Cuando durante años una comunidad carece de empleos, educación, espacios de desarrollo y perspectivas de futuro, aumenta la vulnerabilidad de sus jóvenes frente a las drogas, el consumo problemático de alcohol, la violencia y otras situaciones que terminan destruyendo familias.
Por eso crear oportunidades económicas también es prevenir problemas sociales.
Señor Presidente, nuestras fiestas patronales y celebraciones forman parte de nuestra cultura y deben preservarse, pero de fiestas no viven los pueblos.
Un concierto termina. Una tarima se desmonta. Una celebración dura unos días.
Un empleo digno puede cambiar el futuro de una familia durante generaciones.
Le reitero mi agradecimiento por escuchar a nuestra provincia y por cada acción que verdaderamente haya contribuido a mejorar la vida de nuestra gente. Pero precisamente porque reconocemos lo realizado, también tenemos el derecho y el deber de hablar de lo que falta.
San José de Ocoa no puede conformarse con administrar la pobreza; necesita crear prosperidad.
No queremos que dentro de veinte años tengamos mejores carreteras, pero menos jóvenes recorriéndolas; comunidades remozadas, pero cada vez más vacías; ni inauguraciones en lugares donde la población económicamente activa continúa marchándose.
Queremos desarrollo que permanezca después de que se apaguen las cámaras.
Queremos oportunidades que duren mucho más que una inauguración.
Queremos un Ocoa donde nuestros hijos puedan estudiar, trabajar, emprender, formar sus familias y prosperar.
Por eso dejo respetuosamente una pregunta al Presidente de la República, pero también a ministros, legisladores, alcaldes, empresarios y autoridades de nuestra provincia:
¿Cuál es el verdadero plan de desarrollo económico y social para que San José de Ocoa deje de exportar a sus jóvenes y comience a producir las oportunidades que ellos están buscando fuera?
Quizás estas palabras incomoden a algunos. No es mi propósito atacar a nadie. Mi intención es que una realidad que viven diariamente muchas familias de nuestra provincia también llegue a quienes tienen la responsabilidad y el poder de transformarla.
Agradecer no significa guardar silencio. Señalar nuestros problemas no significa estar en contra de un Gobierno. Hablar de lo que necesita San José de Ocoa es defender su futuro.
Atentamente,
Rafael Subero
Boston, Massachusetts, Estados Unidos









