Ramón Rodríguez Creado: 31.08.2026 | 08:00 Actualizado: 31.08.2026 | 08:00 Existe mayor probabilidad de que se »congele el infierno» que el señor Santiago Matías, Alofoke, se siente en la poltrona que una vez ocuparon los insignes: Ulises Francisco Espaillat, Fernando Arturo de Meriño, Francisco Gregorio Billini y Juan Bosch.
He manifestado hasta el cansancio que el manejo del Estado, requiere de profesionales de la política que conozcan las complejidades que envuelve la conducción de un gobierno y el compromiso de representar una nación, poniendo de manifiesto valores éticos y culturales de los cuales adolece totalmente el joven llamado Alofoke, cuyas características psicosociales están totalmente divorciadas de las exigencias conductuales de un aspirante a la presidencia de la República.
A sabiendas de que el señor Alofoke, ha querido montarse en la ola de los outsiders, le invito a revisar los curriculum de los presidentes: Javier Milei, Daniel Noboa y Abelardo de la Espriella.
Todos pueden debatir a un alto nivel intelectual los temas trascendentales relacionados con la economía mundial.
Debe sentirse vergüenza ajena, saber que una persona sin ningún tipo de capacidad, absolutamente inculto, vulgar, soez, soberbio y sin el mínimo sentido de lo que representa ser presidente de la República, intente presentarse en igualdad de condiciones con intelectuales de la talla de Leonel Fernández y Guido Gómez Mazara.
No se trata de irrespetar el derecho que tiene el señor Matías, de querer ser presidente, se trata de respetar la dignidad y el orgullo de 11 millones de dominicanos que han visto pasar por el solio presidencial a figura de la estatura moral de Francisco Henríquez y Carvajal, llamado el presidente errante, esposo de nuestra poeta Salomé Ureña.
Lo de Alofoke no puede ser y no será.
Alguien tendrá que decirle la verdad sin adornos.
Aspirar a la presidencia de la República de cualquier país, demanda de conocimientos específicos en diversas áreas del saber.
Siempre recuerdo a don Juan Bosch, que solía decir que la política era una serpiente venenosa que a veces mordía a su propio dueño.
El joven Alofoke ha entrado en un terreno desconocido que es mucho más peligroso que discutir »bobadas» y zaherir a los dominicanos con obscenidades.
»En un abrir y cerrar de ojos», Alofoke puede perder los recursos económicos que ha conseguido con mucho trabajo.
Una lástima que no tenga un buen asesor que no quiera aprovecharse de él.
He tenido como norma, orientar a los jóvenes, y esta no será la excepción.
El señor Santiago Matías, Alofoke, debe leer un libro de José Martínez Ruiz, » Azorín», intitulado » El Político».
Ahí aprenderá cómo vestir, comer, conversar y sobre todo, la prudencia y las normas éticas exigidas para emprender la carrera de político profesional o la vocación por la política, tal y como enseñó el sociólogo alemán, Max Weber.
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