Recuperar el peso perdido después de una dieta o lo que llamamos » efecto rebote «no es un fracaso de carácter.
Es un fenómeno predecible y la evidencia ayuda a entender por qué ocurre y qué herramientas realmente funcionan para prevenirlo.
Cuando el cuerpo pierde peso, activa una respuesta de defensa orquestada por varios sistemas.
Una revisión publicada en 2025 en Reviews in Endocrine and Metabolic Disorders describe la » adaptación metabólica » o termogénesis adaptativa sugiriendo que durante la pérdida de peso , el cuerpo reduce el gasto energético más de lo esperado por la pérdida de masa corporal.
Pero lo más relevante es que este mecanismo puede persistir durante el rebote , favoreciendo la recuperación preferencial de grasa o el llamado » catch-up fat » antes que de masa muscular.
A esto se suma un coro hormonal como el aumento de grelina (hormona del hambre), caída de leptina , PPY (péptido YY) y otras señales de saciedad y un menor gasto energético en reposo.
Este patrón hormonal puede mantenerse activo durante al menos un año tras la pérdida de peso , lo que explica por qué el hambre y los antojos suelen intensificarse justo cuando la persona más necesita sostener sus hábitos.
Investigaciones más recientes añaden otra capa que es la llamada » memoria obesogénica «.
Un estudio de 2025 identificó modificaciones epigenéticas estables en el tejido adiposo que persisten después de adelgazar, predisponiendo a esas células a recuperar grasa con mayor facilidad.
El rebote no revela debilidad de quien lo experimenta: revela un sistema diseñado para defender el peso previo.
Las herramientas que mejor funcionan son fuerza muscular , proteína adecuada, manejo del apetito real y continuidad terapéutica cuando corresponde y todas comparten un mismo principio: trabajar con la fisiología , no en contra de ella.
Especialidad en Nutriología Clínica en INTEC.
Master en Nutrición y Alimentación en Universidad de Barcelona (UB).
Ejerce su práctica profesional en NEP CENTER..










