Entre la viralidad digital y el temor al escrutinio público
El debut de una reunión pública destinada a la comunidad therian en la capital mexicana concluyó este viernes en un sonoro fracaso: únicamente los organizadores se presentaron al punto de encuentro, mientras que ningún integrante del incipiente colectivo —personas que experimentan una identificación psicológica o espiritual con animales no humanos— acudió a la convocatoria.
Levi Gallardo, uno de los impulsores de la iniciativa, explicó que el propósito original era construir un espacio de libre convivencia para este grupo emergente, cuya presencia en plataformas digitales mexicanas se ha intensificado en semanas recientes mediante fotografías y videos de individuos portando máscaras, disfraces felinos e imitando desplazamientos cuadrúpedos.
El organizador —quien aclaró no pertenecer al colectivo, aunque lo respalda completamente— atribuyó la ausencia masiva a la viralidad desmedida del evento: varios miembros potenciales le confesaron en privado su identidad therian, pero declinaron asistir al percibir la presencia de demasiados curiosos y medios de comunicación.
El peso del estigma social
Gallardo lamentó que la mayoría de la sociedad mexicana perciba a los therians como algo ajeno, extraño o incluso amenazante, cuando en su opinión se trata de una manifestación identitaria más común de lo que se cree. Su intención de humanizar a quienes no desean ser humanizados chocó frontalmente con el miedo al escrutinio público.
Entre los curiosos congregados en las inmediaciones cundió una sensación generalizada de decepción, reflejo de la brecha que separa la curiosidad digital masiva de la disposición real a participar en espacios físicos de visibilidad para identidades no convencionales como la therian.









