La ingeniera enfrenta secuelas físicas y emocionales; rechaza ser testigo en nuevas revisiones de pena
Francina Hungría, símbolo de la lucha contra la violencia en República Dominicana, revela su agotamiento ante un sistema que la obliga a revivir el trauma. Su caso plantea un debate nacional sobre los derechos de las víctimas.
La ingeniera civil Francina Hungría, quien perdió la vista en un asalto el 23 de noviembre de 2012, contó que ha sido operada ocho veces en el ojo afectado porque su cuerpo rechaza el implante. ‘Ocho veces me han operado este ojo porque a mí me lo sacaron y el implante que me pusieron, mi cuerpo no lo asimila y lo arroja para afuera’, dijo entre lágrimas la activista social, quien también sufre de estrés postraumático.
El caso, que conmocionó al país, vuelve a la palestra por la negativa de Hungría a participar en audiencias de revisión de pena de los condenados. ‘Me llamaron para decirme que Melvin Pérez tiene revisión mañana y que sería bueno que yo vaya a dar mi opinión’, relató. Sin embargo, sentenció: ‘Yo me niego a volver a ser testigo de este proceso. Quiero vivir en paz’.
Hungría explicó que su interacción con los atacantes fue de solo 25 segundos, pero ‘fueron los más largos y caros’ de su vida. La profesional, que duró cuatro años en audiencias, agregó que vive con miedo constante: ‘No puedo salir de mi casa porque no me siento segura’. Su testimonio refleja una tendencia regional: el impacto prolongado de la violencia en las víctimas y sus familias.
Actualmente, tres personas cumplen condenas por el ataque: José Manuel Vidal Féliz (Memín), con 30 años; José Manuel Arias Mejía (Bacán), con 30 años; y Melvin Pérez (Bubulo), con 20 años. La historia de Hungría, que trascendió fronteras, pone en agenda la necesidad de reformar los procesos judiciales para proteger a las víctimas de revictimización, un tema que resuena en la diáspora dominicana y en organismos internacionales de derechos humanos.











