El caso Senasa 2.0 expone tensiones entre la persecución penal y el respeto al debido proceso
El editorial de sobre el caso Senasa 2.0 pone en el centro del debate nacional la necesidad de pruebas contundentes y el riesgo de juicio mediático en la lucha contra la corrupción. La detención del antiguo director del Senasa, Santiago Hazim, y de otras 24 personas marca un hito en la persecución del desfalco.
El editorial de El Nacional, publicado el 22 de septiembre de 2026, analiza el supuesto escándalo de corrupción Senasa 2.0 y advierte que las acusaciones del Ministerio Público contra los implicados son demasiado graves como para no estar acompañadas de pruebas contundentes. El reto para las autoridades es mayúsculo después de manchar la reputación de médicos, prestadores de servicios y otras personas con las operaciones fraudulentas que se les atribuyen para defraudar al Estado.
Según la Procuraduría Especializada de Persecución de la Corrupción Administrativa (Pepca), los encartados tenían acceso a información confidencial de los afiliados al Senasa y sus planes de salud, de lo que se valían para generar autorizaciones médicas fraudulentas y reclamar el pago de servicios que no fueron realizados. El editorial cuestiona que si es verdad que se facturaron consultas de ginecología a hombres, hay que pensar en la impunidad con que operaba la supuesta red o en la ausencia de controles facultativos.
El texto señala que el Ministerio Público, con la fe pública como representante de la sociedad, se despacha con acusaciones que inevitablemente adquieren la connotación de juicio mediático. Como los imputados no pueden defenderse de la misma forma, aunque se les supone inocentes hasta tanto no sean condenados, las autoridades saben que deben acogerse a las normas procesales para garantizar la integridad moral y legal de los prevenidos.
La supuesta estafa por más de 16 mil millones de pesos a la aseguradora estatal no puede quedar impune, y todos los participantes tienen que pagar por su responsabilidad. La detención del antiguo director del Senasa, Santiago Hazim, y de otros que habrían intervenido en el desfalco es una buena señal de que el caso se dilucidará en los tribunales. Pero al no tener todos los imputados iguales funciones en la supuesta red de corrupción, el Ministerio Público debe evitar las generalizaciones y optar por las individualidades. Es posible que en el grupo de los 25 detenidos por el alegado desfalco por más de 40 millones de pesos haya hasta tontos útiles, que vinieron a enterarse del lío en que estaban metidos cuando los detuvieron.
El editorial concluye que no hay que dar muchas vueltas ni teorizar para advertir que la persecución de la corrupción, con acciones y declaraciones para impactar a la opinión pública, no puede convertirse en espectáculo para dar demostraciones de eficiencia ni con ningún otro propósito. La voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación.










