Trump es un personaje excepcional.
No creo que en la historia aparezca otro que haya padecido más ataques y asedios desconsiderados, que Donald Trump.
Desde el año 2020 se comenzó a acentuar el repudio hecho vendaval y no ha cesado, pese a haber recibido un abrumador apoyo de su pueblo en el año 2024.
Al contrario, cada día son peores los insultos.
Es más, en esta fase es delirante la persecución que se advierte de parte de los sectores encargados de su caza y demolición.
Ese síndrome de la ignominia, sin embargo, lejos de socavarlo, lo ha engrandecido por la asombrosa consistencia de su ánimo invencible y día a día van apareciendo pruebas de que su fe en que está comisionado por Dios “para hacer cosas buenas para su país y el mundo”, lo fortalece y luce imponente como hombre, más de paz que de guerra.
Su muerte, tan ansiada, parece impresionada con la vida del Enviado y se rehúsa a ser instrumento de aquellos que, al decir del propio Trump, “lo supieron hacer con Lincoln, que también estaba haciendo cosas buenas.” Confesó así la honra que sentía frente a sus riesgos de muerte.
De la montaña de cieno levantada voy a escoger una muestra: Se dice “que el peor error de política exterior se ha cometido; que encabezó una guerra sin sentido y ahora el agredido está victoriosamente fortalecido.
Que no sabe qué hacer y promete indemnizarle con cientos de miles de millones de dólares, como si fuera un remordimiento por sus daños cometidos.” La burla es prima donna en estos ataques; que, pese a su perversidad, les agradan tanto a sus autores y dicen: “Firma un Memorando que casi no llega a nacer y se derrumba la paz programada a 60 días.
Que hizo un ridículo.” Pues bien, “El Rey”, que ellos llaman, tiene humor paciente para responder: “No recibirán ni un centavo.
Irán está acabado.” ¿Qué espera Trump, en realidad, de las tácticas de Persia? Que el Irán de hoy no podrá seguir con sus maniobras de mercado persa, una vez se niegue por enésima vez a desprenderse de su Uranio enriquecido, con el cual parece que pretende volverse a hacer imperio al menos en el Medio Oriente, y una vez su negativa a los 60 días se evidencie, lo que ha sido su táctica alevosa, quedará probado que quien ha trabado la paz sólo es Irán y engendrará la guerra, la de los puentes vitales y de las plantas de energía eléctrica con que la advirtiera “El Rey”, y se verá el fin de un régimen despiadado de control islámico.
Todo ésto me ha hecho recordar a dos generales legendarios de los Estados Unidos, durante la Segunda Guerra Mundial, George Marshall y Douglas MacArthur.
Marshall, depositario de la fe y confianza de Franklin Delano Roosevelt, un gigante de la historia, diseñó un plan para el tiempo en que se produjera la derrota de Alemania, ésta y la propia Europa, consistente en ayuda concreta y real para lograr la recuperación de los vencidos y de los devastados por la guerra.
Llevó su nombre, Plan Marshall.
Su predicamento básico fue: “No podemos cometer el mismo error del Tratado de Versalles que arruinó a Alemania creando las condiciones en que se hizo posible el monstruoso Nazismo.
Hay que reconstruirla, para que vuelva a su esplendor de siempre.” Luego de la muerte de un gobernante de cuatro períodos, el sustituto Harry Trumann siguió la buena ruta trazada por ese General y los resultados fueron formidables.
MacArthur, de su parte, opuesto totalmente al sometimiento del Emperador de Japón, a un juicio similar al de Nuremberg y a una eventual condena de horca.
Fue tan importante su gesto que quedó como su Gobernador, a pesar de haber sido el vencedor de sus ejércitos.
Confiaba en que Japón sabría sobreponerse a la derrota y, en efecto, así fue.
Naturalmente, con el hombro de Estados Unidos en los primeros tiempos, antes de ser la potencia económica que ha vuelto a ser.
Ambos Generales, muy cultos los dos, así figura en sus biografías, se inspiraban en el ejemplo del conquistador de Las Galias, Julio César, que cada vez que venía sabía acudir en ayuda de los vencidos.
La guerra de Trump ha tenido un único fin estratégico: Despojar a Irán del arma atómica eventual e impedir su obsesión de ser otra vez Persia.
Ha sabido manejar “El Rey” las maniobras tácticas, tan hábiles como las de los comerciantes de sus incomparables alfombras.
Esto, que no lo dude nadie.
Voy más lejos, lo que está ocurriendo en Venezuela y su reintegración al mercado petrolero, así como lo que “El Rey” tiene como visión de futuro para su grandeza y prestigio de nuevo, son signos de que este hombre perseguido a muerte por tantos, se siente en misión trascendental con su “America First” y no renuncia a su condición de ser generoso cuando debe.
Y es por ello que con tanta fé escribo estas cuartillas reminiscentes de cosas tan remotas como la conquista de Las Galias y otras tan palpitantes de Generales que fueron estrellas en la guerra y soles en la paz que subsiguiera.
Trump, gloriosamente está en camino de tal rango histórico.
Parece que su muerte, que se labra incesantemente, siente respeto por esa vida incansable que tanto se empeña por un mundo mejor.
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