La paciencia es una de las habilidades humanas que, más allá de mantenernos estables y socialmente aceptables, podría preservar nuestra existencia.
Afrontamos diversas situaciones cotidianas, como el impetuoso tráfico a todas horas en la capital dominicana, una fila para recibir atención en una institución bancaria, una cita en un centro de salud, la línea para llenar combustible, la caja del supermercado, el sitio de comida o cualquier establecimiento donde se congregue más de una persona.
Aunque esperar pareciera algo a lo que ya estamos destinados e imprescindible para convivir en cualquier esfera y etapa de la vida —desde formarnos en la etapa primaria para izar la bandera hasta todo lo que requiere ser parte de una sociedad («conjunto de personas, pueblos o naciones que conviven bajo normas comunes»¹)—, ¿por qué se nos hace tan difícil respetar el orden?
El año pasado, tras una trivial discusión por el orden de un turno para abastecer combustible en una estación de gasolina ubicada en la avenida Hermanas Mirabal, en Santo Domingo Norte, un agente de la Policía Nacional y un civil murieron a tiros. Dos vidas perdidas porque el orgullo prevaleció ante la sensatez y, como en el viejo oeste, ambos apretaron el gatillo.
Lo peor es que este tipo de disputa, donde reina la premisa de tener la razón en lugar de ceder y aportar soluciones, se ha hecho costumbre.
Nadie quiere ser el último a pesar de ser el que más tarde llega; se busca llegar temprano aunque eso signifique «tirarle el vehículo arriba a alguien» o andar en zig-zag sin respetar la vida ajena, imaginando que la realidad es un videojuego sin medir las consecuencias ante un «game over» que se traduce en un ataúd y en una única vida que no se podrá recuperar jamás.
El proceso de educación de una sociedad debe ser analizado más allá de la cantidad de graduandos de las academias de altos estudios. Creo que debería evaluarse por la manera de comportarse, la inteligencia emocional, el manejo de crisis y el saber adaptarse a los ambientes tratando a los demás como si se tratara de uno mismo.
¿Qué pasaría si en lugar de ostentar banalidades mostráramos modales? Respetar los tiempos, seguir las reglas y comportarnos de una vez por todas como seres civilizados, entendiendo que eso no nos convierte en débiles o aburridos; todo lo contrario, nos enriquece, enaltece y dignifica.
¹ Real Academia Española. (s. f.). Sociedad. En Diccionario de la lengua española. Recuperado el 20 de agosto de 2026, de https://dle.rae.es/sociedad
Por: Nelsy Leidy Piña









