En un hecho que refleja una tendencia nacional, los residentes de la calle Primera en La Guáyiga (kilómetro 20 de la autopista Duarte) han tenido que costear de su bolsillo la reparación de su vía ante el abandono de las autoridades. La situación evidencia el déficit de mantenimiento vial en el país y el rol de la autogestión comunitaria.
Los vecinos de la calle Primera, en La Guáyiga, ubicada en el kilómetro 20 de la autopista Duarte, denunciaron el abandono de esta vía, que permanece deteriorada desde hace varios años y dificulta el tránsito de vehículos y peatones. Felipe, residente de la zona desde hace casi cuatro décadas, explicó que los propios vecinos han tenido que organizarse para recolectar fondos y realizar reparaciones, ante la falta de intervención de las autoridades.
“Nosotros mismos somos los que nos preocupamos por resolver”, afirmó Felipe, quien lamentó que las autoridades no hayan acudido a atender el problema. El deterioro se agrava con las lluvias, cuando el agua se acumula en los hoyos y acelera el desgaste de la vía, afectando tanto a conductores como a peatones. Los residentes se sienten abandonados y cuestionan la capacidad de respuesta del Estado.
Además del mal estado del pavimento, el polvo generado por la vía afecta la salud de los residentes y limita las actividades de los niños, quienes no pueden jugar en las calles. En una parte de la calle, los trabajos comenzaron pero quedaron inconclusos, y las autoridades no han regresado para continuar. Esta situación se extiende a otras áreas del barrio, con condiciones aún más precarias.
Los vecinos han realizado gestiones ante las autoridades a través de comunicaciones y reuniones de la junta de vecinos, pero hasta el momento no han obtenido una respuesta definitiva. Este caso se suma a una tendencia nacional donde las comunidades asumen el rol del Estado en el mantenimiento de la infraestructura básica, un fenómeno que también se observa en otros países de la región.
La situación en La Guáyiga refleja un problema más amplio de inversión pública en vías secundarias y barrios, que afecta la calidad de vida de miles de dominicanos y limita el desarrollo local. La diáspora dominicana, que a menudo envía remesas para apoyar este tipo de iniciativas, también sigue de cerca estos casos de autogestión comunitaria, que se han convertido en una tendencia en el país.










