Orlando Gomez Creado: 26.08.2026 | 08:00 Actualizado: 26.08.2026 | 08:00 El banco JP Morgan recientemente advirtió del potencial de una crisis alimentaria que podría materializarse en el próximo año.
La mezcla de un El Niño severo, la Guerra de Irán limitando el paso de buques con fertilizantes nitrogenados por el Estrecho de Ormuz y otros conflictos regionales que vienen creando fricción en la logística del transporte marítimo, están creando las condiciones que no solo podrían incidir en el precio de los alimentos para el año que viene, sino que podría directamente impactar su disponibilidad en algunos casos.
JP Morgan directamente menciona a Latinoamérica y Asia como las regiones más expuestas a sufrir las consecuencias de la escasez de alimentos, esos somos nosotros.
Si se materializa un escenario donde El Niño se produce tan severo como hasta ahora se viene pronosticando y la producción y logística de fertilizantes se mantiene deprimida hasta bien entrado el 2027, estamos ante la posibilidad de enfrentar una crisis alimentaria severa en República Dominicana.
El primer problema es que tenemos muy poco tiempo para actuar si vamos a tomar acciones preventivas, el segundo problema es que este podría ser un problema del cual podríamos no poder importarlo o subsidiarlo para solucionarlo.
El problema del maíz El país importa la mayor parte del maíz que consume, y más de un 80% de ese maíz se utiliza para alimentar pollos y cerdos.
La mayor parte del maíz que importamos viene de Estados Unidos y Brasil, y esos dos países están especialmente expuestos no solo a los efectos de El Niño de este año sino a las disrupciones del mercado de fertilizantes.
Razonablemente debemos esperar que los precios del maíz vayan a incrementar en la medida que las condiciones derivadas de El Niño se materialicen y los efectos de la Guerra en Irán se prolonguen.
Pero el precio va a ser apenas una parte de la preocupación, la disponibilidad de suficiente maíz para mantener nuestra propia producción pecuaria va a probar ser un reto considerable.
El maíz directamente impacta nuestra producción de carne de pollo, cerdo y huevos, y no hace falta ser un experto en la dominicanidad para rápidamente entender lo que puede implicar un incremento agresivo de precios o una carencia sostenida del mismo para todo el país.
Asegurar la disponibilidad de maíz para todo el año que viene, y a un precio subsidiable, tenderá a ser difícil.
Precisamente considerando esa dificultad debemos prepararnos a buscar esa disponibilidad en donde esta aparezca, aún sea esta fuera del alcance de nuestros socios y aliados tradicionales.
Algo similar ocurre con la soya y el trigo, donde dependemos enteramente de su importación que a su vez viene de países particularmente vulnerables a los shocks que se vienen materializando.
Esto adicionalmente estaría impactando alimentos como el pan y las pastas que también son de alto consumo.
Por supuesto, hay muchas sutilezas que diferencian el problema del maíz, de los de la soya y el trigo, que aunque pueden incidir para tratar a los 3 con diferentes grados de urgencia, igual van a requerir una atención cercana.
Almacenar más para subsidiar menos Vamos a enfrentar un problema para abastecernos de fertilizantes, maíz, soya y trigo, y encima de eso El Niño puede venir con sequías prolongadas que podrían afectar la producción agrícola en nuestro propio suelo.
Nuestra capacidad de almacenamiento varía, en algunos casos de forma significativa, dependiendo del producto.
En algunos casos podríamos almacenar hasta 6 meses de un producto, en otros menos de 1 mes, y ese es un problema con el que tendremos que convivir hasta que podamos instalar una mayor capacidad de almacenamiento.
Lo que sí debemos prepararnos es a utilizar la disponibilidad que tengamos a la mayor capacidad posible para un 2027 que viene con muchas cosas jugándonos la contra.
El problema de no hacerlo va a ser el precio.
Por supuesto, hay topes de lo que podemos almacenar, por igual hay topes respecto de lo que el país puede consumir en un año o cualquier período de tiempo, donde sí que no hay topes es en los precios y ya estos están empezando a cruzar niveles críticos.
Si el plan va a ser subsidiar las diferencias de precios, debemos estar conscientes que en los precios no va a haber un tope y que los subsidios, considerando la potencial gravedad de lo que se avecina, se pueden salir de las manos bien rápido.
Estamos viviendo la experiencia del subsidio de los combustibles, una experiencia tan drástica que forzó un ajuste fiscal, si algo similar se replica sobre los alimentos eso podría requerir una reacción más drástica y más difícil de absorber para la sociedad.
“Y la verdad os hará libres” Algo diferente que sí podemos intentar es adelantarnos a la crisis y comunicar con transparencia la naturaleza del problema al que nos vamos a enfrentar, los pasos preventivos que se estarían dando, el progreso en la ejecución de esos pasos, el costo de implementar esas medidas y la efectividad de las mismas en el curso de la crisis.
He repetido hasta el cansancio que el vaivén social y de la opinión pública por el precio de los combustibles está directamente atado a la comunicación, o falta de, respecto al precio de paridad de importación.
Ese es un error que el Estado puede evitar repetir en el manejo de crisis, muy especialmente en una crisis que va a involucrar a los alimentos.
Que vamos a vivir un El Niño particularmente agresivo, la Guerra en Irán, la paralización del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz y las consecuencias directas de todo eso no son eventos imposibles de ver y no son impredecibles, sabemos que pueden ocurrir, de hecho hay un banco esencialmente anunciando que van a ocurrir.
No es necesario esperar a que manifieste la crisis para actuar y para comunicar, de hecho, hacerlo puede mitigar los peores efectos de la misma si lo hacemos de forma estratégica.
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