La estrategia de bioseguridad busca evitar el colapso del sector y reducir la dependencia de importaciones.
El Gobierno dominicano ha decidido no sacrificar la masa porcina nacional, sino reconstruirla con medidas de bioseguridad. Una estrategia que contrasta con métodos de erradicación usados en otras naciones y que busca estabilizar el mercado interno, afectado por la caída del 25% en la producción.
El director general de Ganadería (Digega), Abel Madera, fue tajante: «Nosotros estamos planteando una reconstrucción de la producción porcina, no una erradicación». Esta postura, que ya cuenta con el respaldo de la FAO, se alinea con experiencias internacionales que demuestran que la peste porcina africana puede controlarse con procesos graduales de bioseguridad, vigilancia epidemiológica y manejo de riesgo, en lugar de recurrir a la matanza masiva.
La decisión llega en un momento crítico para el país. Los datos del Ministerio de Agricultura revelan que la producción nacional de cerdo cayó un 25% en 2025, pasando de 1,436,040 a 1,069,087 quintales. Esta caída ha obligado a importar 2,171,763 quintales para satisfacer la demanda local, lo que representa una fuga de divisas y un aumento de la vulnerabilidad alimentaria del país.
La Federación Dominicana de Porcicultores (Fedoporc) ha sido testigo del devastador impacto de la enfermedad. Su presidente, Miguel Ángel Olivo, señaló que de las 110,000 madres reproductoras que existían antes de la PPA, solo quedan unas 30,000. A pesar del sacrificio de más de 25,000 cerdos entre enero y marzo de 2025, el sector ha decidido adaptarse a la estrategia gubernamental, agradeciendo el apoyo económico y logístico del Estado, que ha comprometido hasta 160 millones de pesos para compensar a los productores afectados.
La Digega asegura que la enfermedad está bajo control, con una tasa de positividad inferior al 1%, y que el sacrificio formal de cerdos creció un 10% en 2025. Sin embargo, el reto principal es la tecnificación de las granjas. Según el coordinador de Bioseguridad Porcina de la FAO, Diego Rojas, de las 640 granjas identificadas a nivel nacional, el 82% ya forma parte del proceso de bioseguridad, lo que ha reducido sustancialmente el riesgo sanitario.
Para la diáspora dominicana y los consumidores locales, el éxito de esta estrategia es clave. Si la reconstrucción porcina avanza según lo previsto, en tres o cuatro años el país podría recuperar su autosuficiencia en la producción de carne de cerdo, reduciendo la dependencia de importaciones y estabilizando los precios. Mientras tanto, la tendencia internacional apunta a que la bioseguridad es el camino más sostenible para convivir con la PPA.










