¡De la mano de mamá y papá! Especialista señala que la presencia de los padres, familiares o cuidadores les ayuda a los niños a percibir el nuevo entorno como un espacio seguro Aunque en casa repitan durante diferentes actividades “soy un niño grande”, al llegar el primer día de clases, muchos pequeños todavía buscan aferrarse con fuerza a la mano de mamá o papá para emprender la aventura de un nuevo grado.
Y es que, más allá de sentirse grandes, lo que realmente se llevan consigo es la seguridad de saber que sus padres están a su lado.
“El primer día de clases marca un hito enorme en la vida de cualquier niño o niña; para ellos no es solo «empezar el colegio»: es abrir la puerta a un mundo completamente desconocido, un espacio lleno no solo de caras nuevas, reglas, normativas diferentes y dinámicas sociales que apenas están aprendiendo a descifrar, sino también de exigencia y demandas a las que posiblemente nunca antes haya estado sometido”, así lo explica la psicóloga clínica infantojuvenil Leyshy Cabrera, quien destacó la importancia de que los padres y otros referentes de apego acompañen a los pequeños durante este proceso de adaptación.
La especialista señaló que la presencia de mamá, papá, abuelos, tíos o cuidadores funciona como una “ancla de seguridad” para los niños, ya que, al percibirlos tranquilos y confiados, pueden interpretar el nuevo entorno como un espacio seguro.
Este acompañamiento inicial, además, permite validar sus emociones y disminuir el estrés provocado por la incertidumbre.
Tendencias “Es importante recordar que en la población neurodivergente o con diferentes ritmos de adaptación, este acompañamiento es aún más vital para construir un puente de confianza entre el hogar y el aula”, destacó la especialista en una conversación con El Nacional.
La terapeuta advirtió que los niños son auténticos “radares emocionales”, capaces de percibir el estado de ánimo de los adultos a través del tono de voz, la postura corporal y las expresiones faciales.
Por esta razón, recomienda que los padres transmitan tranquilidad y confianza durante la despedida.
Aunque reconoció que es natural sentir miedo, culpa o angustia al dejar a los hijos por primera vez, sostiene que estas emociones deben manejarse para evitar transmitirles la idea de que la escuela representa un peligro.
En ese sentido, aconseja “evitar llorar, alargar despedidas o quedarse mirando fijamente su recorrido, demostrando angustia en lugar de una gran sonrisa”.
En cambio, recomienda ofrecerles una sonrisa, un abrazo firme y palabras que refuercen la confianza.
Además, entre sus principales recomendaciones están mantener una postura relajada, hablar con un tono pausado y validar los temores del niño sin minimizarlos.
En lugar de decir “no pasa nada, no llores”, propone expresiones como: “Es normal sentirse ansioso cuando hacemos algo nuevo, pero aquí vas a estar bien y yo volveré por ti”.
Para convertir el primer día de clases en una experiencia más positiva, la psicóloga recomienda comenzar la preparación varios días antes.
Una de sus sugerencias es pasar por el frente de la escuela previamente, explicarles cómo será la rutina y practicar los horarios para reducir la cantidad de novedades que deberán enfrentar de una sola vez.
También considera importante “involucrarlos en los preparativos; deja que elija su mochila o prepare su lonchera.
Esto le da una valiosa sensación de control sobre la situación”.
Otro aspecto fundamental es explicarles claramente quién irá a recogerlos y cuándo ocurrirá, utilizando referencias que puedan comprender, como “después de la merienda”.
“Los padres pueden recibirles con un globo, una flor, un lápiz de colores, algo que le haga ilusión y que le recuerde que es un día memorable”.
La psicóloga recomienda que, al regresar a casa, se priorice el descanso y se evite convertir el momento en un interrogatorio sobre cómo transcurrió el día.
Periodista con más de una década de experiencia en las áreas de cultura, turismo y espectáculos.
Egresada de la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA).
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