Los especialistas en salud pública están conscientes de que tratar enfermedades es más costoso que prevenirlas.
Pero como la prevención muchas veces involucra tener que cambiar hábitos de comportamiento, sus exhortaciones son frecuentemente resistidas o ignoradas por la población.
De ahí que se consideren más efectivas las disposiciones que no requieren actuaciones específicas de parte de las personas.
Esa conclusión está en línea con criterios similares en relación con la mayor facilidad de aplicación de las políticas económicas que pueden ser puestas en marcha sin la intervención de quienes estarán sujetos a ellas.
Poder aplicarlas no significa, sin embargo, que estarán libres de controversia.
Un ejemplo muy estudiado es la adición de flúor al agua potable.
La comprobación del efecto benéfico del flúor en la prevención de las caries dentales, sirvió de base para que gobiernos estatales y municipales en numerosos países se plantearan cómo suministrarlo a la población.
Y dado que en ese entonces el agua de botellón era excepcional, decidieron que un mecanismo eficaz era hacerlo vía su adición al agua suplida por medio de los acueductos.
Desde su inicio, esa política ha estado sumida en el debate.
Se ha llegado a asociar el flúor con retardos mentales y menores cocientes de inteligencia en niños cuyas madres lo consumían.
Y se ha cuestionado la efectividad de ingerirlo en comparación con la de aplicarlo por medio de pastas y enjuagues bucales.
De esas consideraciones científicas, la discusión se trasladó al terreno de la economía, poniéndose en duda su racionalidad en términos de costo y beneficio frente a la de otras inversiones en salud pública.
El caso del flúor pone de manifiesto el dilema que rodea la puesta en ejecución de medidas cuyas consecuencias no son del todo conocidas.
Si se espera contar con toda la información pertinente, es probable que se pierda demasiado tiempo.
Pero si se aplican demasiado rápido, pueden provocar efectos indeseados.
Tratar de llegar a un término medio a ese respecto sería un ejercicio de tentativa aproximación, en vista de que por lo general no se conocen todas las implicaciones.
Aun si se dispone de datos recabados en base a estudios de laboratorio, e incluso si esos estudios han involucrado sujetos humanos, permanecen sin respuesta incógnitas relacionadas con efectos a mediano y largo plazo.
En el ámbito económico las experiencias propias y de otros países con medidas similares contribuyen a reducir el grado de incertidumbre que rodea la aplicación de las políticas gubernamentales, pero aún en los casos mejor definidos no es posible estar seguro de que no surgirán trastornos inesperados.
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