El pitcher que lanzó un no-hitter y luego cayó en el olvido por su vida disipada
Bo Belinsky, el lanzador que logró un juego sin hit ni carrera con los Angelinos de Los Ángeles en 1962, se convirtió en un fenómeno mediático más por sus romances con estrellas de Hollywood que por sus logros deportivos. Su historia es un recordatorio de cómo el estrellato fuera del campo puede eclipsar el talento.
Bo Belinsky, un pitcher estadounidense que jugó en las Grandes Ligas entre 1962 y 1970, es recordado por haber lanzado un juego sin hit ni carrera el 5 de mayo de 1962 contra los Orioles de Baltimore, en su cuarta aparición con los Angelinos de Los Ángeles. A pesar de este hito, su carrera estuvo marcada por la inconsistencia: terminó su temporada de novato con récord de 10-11, y aunque jugó para equipos como los Filis de Filadelfia, los Astros de Houston, los Piratas de Pittsburgh y los Rojos de Cincinnati, nunca alcanzó el estrellato sostenido.
Belinsky fue firmado originalmente por los Piratas de Pittsburgh en 1956 y pasó varios años en las menores de los Orioles de Baltimore antes de ser seleccionado por los Angelinos en el Draft de la Regla V de 1961. En 1968, con los Islanders de Hawái, lanzó otro juego sin hit ni carrera en las ligas menores, y regresó a las Grandes Ligas con los Piratas en 1969 y los Rojos en 1970, su último año. Su carrera deportiva, aunque prometedora, se vio ensombrecida por su estilo de vida.
Fuera del campo, Belinsky fue un imán para los tabloides. Salió con actrices como Mamie Van Doren, Ann-Margret, Tina Louise, Juliet Prowse y Connie Stevens. Se casó y divorció de una modelo de Playboy y de una heredera, y apareció en programas de televisión como 77 Sunset Strip. Tras retirarse, trabajó durante diez años para el Grupo Automotriz Findlay en Las Vegas. Padecía cáncer de vejiga y otros problemas de salud, y falleció de un infarto a los 64 años.
En sus propias palabras, Belinsky reflexionó sobre su vida en una entrevista con Ross Newhan para el libro The Anaheim Angels: A Complete History: «Llegué a los Angels siendo un chico que sentía que la vida, el béisbol de ligas menores, me había maltratado. Era egoísta e inmaduro en muchos sentidos y trataba de ocultarlo. Pasé de ser jugador de las Grandes Ligas a vivir en la calle, pero tuve mis momentos y tengo mis recuerdos. Si hubiera tenido la misma actitud ante la vida que tengo ahora, habría hecho muchas cosas de manera diferente. Pero uno pone sus reglas y las sigue. Sabía que las facturas llegarían tarde o temprano, y sabía que no podría pagarlas». Su amigo Irv Kaze lo describió en el libro de Maury Allen de 1973, «Bo: Persiguiendo y cortejando»: «Es un cabrón guapo, no hay duda. Tiene ese aspecto delgado y voraz, como el que les gusta a las mujeres. Casi se puede sentir el sexo animal en él. No me sorprendió que pudiera excitar tanto a las chicas».











