El último debate televisado este viernes marca el pulso de una elección polarizada
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro llegan empatados al último debate televisado antes del balotaje del domingo en Brasil, en una contienda que moviliza a la izquierda y a la derecha conservadora de la región.
Brasil celebra este domingo un balotaje que definirá si continúa el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva o si el país se suma a la ola conservadora de América Latina con Flávio Bolsonaro, senador de 45 años e hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Las encuestas de Datafolha publicadas el jueves muestran un empate del 50% entre ambos candidatos, tras una primera vuelta en la que Bolsonaro sorprendió con el 47% frente al 45% de Lula.
El último debate televisado, este viernes en TV Globo, la mayor cadena del país, será crucial según los analistas. ‘La tendencia favorece a Lula, pero probablemente no tenga tiempo suficiente para dar vuelta a la contienda’, señaló el grupo Eurasia. El primer cara a cara, el domingo en TV Band, estuvo marcado por los insultos; Globo limitará los desplazamientos de los candidatos y una petición con más de un millón de firmas exige corregir en directo las afirmaciones falsas.
La campaña ha estado atravesada por la movilización digital: el canal de WhatsApp ‘Ejército de Lula’ sumó casi 10 millones de seguidores en pocas horas este viernes. Lula, de casi 81 años, busca la ‘virada’ y se presenta como defensor de la democracia frente al rechazo que genera un regreso de los Bolsonaro al poder. Jair Bolsonaro fue condenado a 27 años de cárcel por intentar un golpe de Estado contra Lula tras perder la reelección en 2022.
En Fortaleza, Flávio Bolsonaro denunció ‘un montón de fake news’ sobre su intención de eliminar programas sociales y prometió mano dura contra la inseguridad y alivio en el costo de vida. Su estratega, Sidonio Palmeira, ministro de Comunicación de Lula, afirmó que el presidente ‘quiere hablar de propuestas’ frente a ‘agresiones y provocaciones’. La contienda también es judicial y mantiene en vilo a la diáspora brasileña y a los observadores internacionales.











