Las ciencias políticas se expresan a través de libros o tratados, la política real se expresa a través de frases que la sabiduría popular hace suyas, porque reflejan la realidad del poder en toda su dimensión.
Cada frase popular encierra una sabiduría y una comprensión de la naturaleza humana que desborda cualquier capacidad de análisis convencional.
Desde “Una cosa piensa el burro y otra el que lo apareja”, “Si quieres conocer a Mundito, dale un mandito”, “El poder no cambia a nadie, sólo refleja lo que cada quien es”, hasta “Es mejor estar arriba con presión que abajo con depresión”, cada refrán derrama conocimiento; uno aprendido a lo largo de décadas a golpes de prueba y error.
Nada refleja con más precisión el drama actual que vive el gobierno del PRM, que el refrán “Una cosa es con guitarra, y otra con violín”; y no sólo en su interpretación clásica de que una cosa es criticar desde la oposición al gobierno de turno, de manera estruendosa y haciendo todas las promesas posibles (guitarra) , y otra es verse obligado a actuar diferente desde la realidad y el pragmatismo que exige el poder, es decir, parsimoniosamente y sin ruidos (violín).
Así las cosas, entre la guitarra y el violín, lo de menos es que al gobierno hoy le sonsaquen cosas que dijo en la oposición o promesas que hizo y no cumplió –esos son gajes del oficio–, sino que se vea obligado a escuchar la misma música que una vez, siendo oposición, también tocó.
El problema no son los videos o discursos prometiendo esto o aquello, o que ahora le saquen incumplimientos de gestión o de actuación, sino que le toquen cacerolas, le hagan protestas en la Plaza de la Bandera y le prendan las redes sociales con descalificaciones o insultos.
Lo peor no son las acciones de protesta como tal, que eso es la democracia y hay derecho a ello; lo peor es la reacción del gobierno como tal y de algunos funcionarios y legisladores , que no sólo desconocen la esencia de las protestas, sino que caen en la torpeza política de descalificarlas, ningunear a sus participantes, o etiquetarlas como actividades políticas organizadas por la oposición.
Esos argumentos no sólo son tontos y soberbios (¡No se apaga un fuego con gasolina!), también son deslucidos e incoherentes… o quizás, son una confesión de parte, pues muchos de los actuales funcionarios y legisladores del PRM sí que saben cómo hacer marchas y cacerolazos a un gobierno, y para muestra, la fallecida Marcha Verde.
El gobierno que gobierne, que en t érminos democráticos el consenso ya se hizo en mayo de 2024 y el próximo consenso se hará en 2028.
Al final, la gente lo que quiere (y merece) es una gestión de gobierno más eficiente, ejecutiva y ágil, que mejore su calidad de vida y le permita dignamente cubrir sus necesidades básicas.
Y tienen todo el derecho a reclamarlo.
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