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Salud

Cuando el dolor llega sin avisar: el consuelo en medio de las pérdidas inesperadas

Familiares de una víctima de los terremotos gemelos del 24 de junio lloran la muerte de su ser querido durante el entierro en el Cementerio General del Sur en Caracas, el 29 de junio de 2026.

AFP Hay dolores que sabemos que vienen y nos preparamos para atravesarlos: algunos cambios previstos, enfermedades inevitables, separaciones anticipadas, cambios de trabajo, entre otros.

Otros escenarios vienen a nuestras vidas, sin previo aviso, rompiendo la aparente estabilidad de la vida: Una enfermedad grave, un terremoto , una inundación , un accidente o la muerte inesperada de un ser querido , pérdidas financieras, entre otras eventualidades, nos recuerdan cruelmente que la existencia es frágil y que nadie está completamente preparado para enfrentarlas.

Las consecuencias de estos cambios abruptos van más allá del trauma producido por estos escenarios tan tristes.

No se limita al momento de la tragedia.

Salir del dolor a veces cuesta mucho tiempo y difiere de acuerdo con las diferencias individuales.

Muchas personas continúan experimentando miedo , insomnio , culpa , tristeza profunda , desorientación o una s ensación persistente de inseguridad mucho después de que la emergencia ha terminado.

El cerebro y el cuerpo necesitan tiempo para procesar lo ocurrido, y cada uno recorre ese camino a un ritmo diferente.

¿Cómo podemos apoyar a las personas que están pasando estas circunstancias , cómo podemos consolar a quien sufre cuando sabemos que las palabras pueden resultar insuficientes y hasta desfavorables? Aunque muchas veces se quiere tener la explicación para cada situación, la respuesta no siempre está en ofrecer comentarios, con frecuencia, el mejor consuelo nace de la presencia, el acompañamiento , estar disponibles, escuchar sin interrumpir , permitir que el otro llore , recordar junto a él a quien ha perdido o simplemente permanecer en silencio puede convertirse en un acto profundamente sanador.

El sufrimiento no siempre necesita comentarios ; muchas veces solo necesita compañía que contenga.

Sin embargo, a veces las palabras desayudan, por querer alentar se puede incurrir en expresiones como “ todo pasa por algo ”, “ sé fuerte ”, “ya está en un lugar mejor ” o “ el tiempo lo cura todo ” pueden hacer sentir a la persona incomprendida , incluso cuando nacen del cariño.

Cada duelo tiene su propio lenguaje, y minimizar el dolor puede aumentar la sensación de soledad.

En situaciones de desastres naturales , como los terremotos —y de manera especial en el caso de los terremotos ocurridos en Venezuela el 24 de julio, nos toca tan de cerca por la estrecha relación que nos une a ese amado país—, también emerge una de las facetas más nobles del ser humano: la solidaridad.

En medio de la devastación , muchas personas se movilizan para ofrecer alimentos, refugio, asistencia médica , donaciones y apoyo emocional.

Esta respuesta colectiva nos recuerda que la compasión sigue siendo una de las fuerzas más poderosas de la humanidad.

Saber que alguien nos acompaña disminuye la sensación de abandono y fortalece la esperanza.

La psicología ha demostrado que el apoyo social constituye uno de los principales factores protectores frente al trauma.

No elimina el sufrimiento, pero ayuda a recuperar la sensación de seguridad, favorece la resiliencia y reduce el riesgo de que el dolor se convierta en un trastorno emocional más profundo.

Para quienes atraviesan una pérdida inesperada, también es importante recordar que pedir ayuda no es un signo de debilidad.

Los demás no necesariamente saben lo que estás requiriendo en un momento determinado.

Hablar con familiares, amigos, líderes espirituales o profesionales de la salud mental puede facilitar el proceso de reconstrucción interior.

Sanar no significa olvidar; significa aprender a convivir con la ausencia sin que esta destruya la posibilidad de seguir viviendo.

Quizá nunca encontremos las palabras perfectas para aliviar el sufrimiento ajeno.

Pero una mano tendida, una escucha sincera, una oración respetuosa, un abrazo oportuno o la simple decisión de no abandonar a quien sufre pueden convertirse en el comienzo de su recuperación.

Porque, al final, el verdadero consuelo no consiste en borrar el dolor, sino en recordar al otro que no tendrá que cargarlo completamente solo.

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