En la se ha vuelto casi una costumbre mirar el vaso medio vacío, incluso cuando los indicadores muestran una realidad más compleja y, en muchos aspectos, más alentadora.
Desde algunos sectores de la y de la se insiste en describir al país como si estuviera al borde del colapso, como si nada funcionara y todo avance fuera apenas una ilusión propagandística.
Sin embargo, esa narrativa tropieza con un hecho elemental: los , cuando provienen de organismos nacionales e internacionales de reconocida credibilidad, no desaparecen porque contradigan el discurso político.
No se trata de negar los.
El país los tiene, y algunos son profundos: el , la , la informalidad laboral, las deficiencias de los servicios públicos, la y las brechas sociales que una estadística positiva, por sí sola, no puede borrar.
Pero reconocer esas dificultades no obliga a desconocer los avances.
Una cosa es exigir más y otra muy distinta es sostener, contra toda evidencia, que la nación marcha hacia el fracaso.
Un ejemplo reciente es el reconocimiento de la para la Alimentación y la Agricultura ( ), que colocó a la por debajo del umbral internacional de subalimentación y fuera del llamado.
Ese dato no significa que todos los dominicanos tengan garantizada una alimentación adecuada ni que el costo de una dieta saludable haya dejado de ser un desafío.
Significa, sencillamente, que el país ha logrado una mejora objetiva en uno de los más sensibles y que ese avance merece ser reconocido.
Lo mismo ocurre con la economía.
Mientras algunos repiten que todo está paralizado, la realidad muestra un panorama diferente.
La mantiene un notable dinamismo en distintas regiones del país; el continúa rompiendo récords y la inversión extranjera directa sigue reflejando confianza en la estabilidad y las perspectivas de la economía dominicana.
El informó que, en 2025, el país recibió más de once millones de visitantes, generó ingresos turísticos superiores a los once mil millones de dólares y captó más de cinco mil millones de dólares en inversión extranjera directa.
Asimismo, reveló que la economía dominicana registró un crecimiento interanual de 6,4 % en junio, «el mayor ritmo de expansión observado en lo que va de 2026».
Son cifras incompatibles con la imagen de una economía en ruinas.
La contradicción resulta evidente.
Mientras y los principales reconocen avances, parte del insiste en presentar al país como un proyecto fracasado.
Esa actitud revela un problema aún más preocupante: la utilización selectiva de los.
Se aceptan únicamente las cifras que favorecen la propia posición y se desacreditan las demás.
Cuando la política sustituye la evidencia por la conveniencia, el debate público pierde calidad y la ciudadanía pierde referentes confiables.
Los no deben utilizar los buenos indicadores como pretexto para la autocomplacencia, ni la convertir cada dificultad en una prueba del desastre nacional.
La necesita una crítica firme, pero también intelectualmente honesta; una crítica capaz de reconocer los avances sin dejar de señalar las tareas pendientes.
La tiene derecho a desconfiar, a cuestionar y a exigir mejores resultados.
Pero también tiene el deber de valorar los con.
Ningún país progresa ignorando sus , pero tampoco construye un mejor futuro negando sistemáticamente sus logros.
La necesita una conversación pública menos dominada por el y más guiada por la evidencia, la razón y el interés nacional..











