La historia del embutido que nació en Sosúa y hoy define el desayuno en RD
El salami, embutido infaltable en el desayuno dominicano, tiene raíces en la comunidad judía refugiada en Sosúa desde 1938. Una historia de supervivencia que trasciende fronteras.
El salami es un embutido que forma parte del desayuno tradicional de los hogares dominicanos. Lo que parece ser solo unas rodajas sobre un plato de mangú también guarda una historia de supervivencia y adaptación que inició en Sosúa en el año 1938. Frito, guisado, entre dos panes y hasta en arroces, no queda duda ninguna de que en cualquiera de sus presentaciones deleite el paladar. Además de que realmente es delicioso, la popularidad del salami hecho de una mezcla de carne de res y cerdo se debe a su diversidad y el bajo costo en comparación con otras proteínas.
El mismo es previamente curado o cocido, colaborando a que se preserve por más tiempo aún cuando no reciba suficiente refrigeración por las fallas energéticas que suelen azotar los hogares dominicanos. El 7 de septiembre se celebra el Día Nacional del Salami. Detrás de cada rebanada existe la historia de la comunidad de refugiados judíos, quienes llegaron al país buscando un escape a la persecución nazi y la tragedia del Holocausto.
Todo inició en el año 1938 durante la Conferencia de Évian, cuando el aquel entonces dictador Rafael Leónidas Trujillo aceptó acoger en la República Dominicana un número significativo de judíos —entre 50.000 y 100.000. Esta decisión respondía a que Trujillo estaba empeñado en blanquear la raza de los criollos, por tanto, la idea de acoger a los que hoy son conocidos como los colonos de Sosúa, más allá de una decisión humanitaria, resguardaba sus intenciones de refinar la raza. A su llegada, cada nuevo colono judío recibía 80 acres de tierra, 10 vacas, una mula y un caballo. A pesar de la promesa de escapar de Europa, en principio solo 50 judíos lograron llegar al país.
Para ayudarlos a establecerse, se creó la Asociación de Asentamientos de la República Dominicana (AARD); para 1947 ya habían construido una pequeña pero próspera comunidad. La organización impulsó el desarrollo agrícola y ganadero de la comunidad. Así surgieron cooperativas como CILCA, dedicada a la producción lechera y ganadera. Con sus conocimientos y la ayuda de asesores europeos, comenzaron a elaborar quesos, mantequilla, salchichas y otros productos. Entre ellos estaba el salami, que comenzó a comercializarse bajo el nombre de Productos Sosúa. Para la década de 1960 ya era uno de los productos más populares de la comunidad de Sosúa. Lo que comenzó como una forma de sobrevivir terminó convirtiéndose en un sabor que hoy identifica a la mesa dominicana.












