A pesar de los operativos de la Digesett y la expansión del Metro, el tránsito sigue colapsando
El tránsito hacia el Distrito Nacional alcanza niveles críticos en los puentes y vías de acceso, donde un parque vesicular de millones de unidades, la falta de educación vial y la inflexibilidad horaria transforman la circulación en una crisis cotidiana. Ni los agentes de la Digesett ni la ampliación del Metro han logrado desarticular el nudo que cada día paraliza la capital dominicana.
Entre las 7:00 y las 9:00 de la mañana, el cruce por los puentes Duarte, Juan Bosch, de la 17, de la Bicicleta, Flotante y de Villa Mella se convierte en una marea metálica que avanza a paso lento hacia el Distrito Nacional, en medio del estruendo constante de las bocinas y una densa capa de dióxido de carbono. Esta situación no es nueva, y eliminar el congestionamiento crónico en las primeras horas del día y de la noche en la entrada y salida del Distrito Nacional ha sido uno de los grandes retos de las autoridades del tránsito en los últimos años, sin frutos positivos hasta ahora.
Lo mismo ocurre en los principales distribuidores de tráfico: el kilómetro 9 de la autopista Duarte, así como en la zona de Pintura, que conecta la autopista 6 de Noviembre con la prolongación 27 de Febrero. Moverse con fluidez por arterias neurálgicas como las avenidas 27 de Febrero, John F. Kennedy, Máximo Gómez, Winston Churchill, Tiradentes, Lope de Vega y Ortega Gasset resulta prácticamente imposible en las horas pico.
El testimonio de Augusto Rojas, residente en Santo Domingo Este, expone con crudeza el impacto diario: ‘Vivo en Santo Domingo Este y trabajo en el Distrito Nacional desde hace varios años. Aunque entro a las 8:00 a. m., debo salir de mi casa a las 6:30 a. m. Mi ruta habitual abarca la avenida San Vicente de Paúl, el puente de la 17, la Padre Castellanos, el V Centenario y la John F. Kennedy hasta llegar a Galería 360’. El ciudadano explicó que, si bien ese trayecto matutino le toma casi una hora, el verdadero calvario comienza al salir del trabajo a las 5:00 p. m. ‘Si no fuera por lo incómodo que resulta salir a tomar un carro de concho y abordar el Metro, no vendría en vehículo propio’, concluyó.
Para intentar agilizar el tránsito en los puntos más caóticos, la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (Digesett) despliega a decenas de agentes. Pese a los esfuerzos operativos, la abrumadora cantidad de automóviles supera cualquier contingencia, repitiendo la misma escena día tras día. El colapso se extiende con severidad en pasos estratégicos como el puente Flotante y el puente de Villa Mella, donde largas hileras de autobuses, carros de concho, motocicletas y camiones se disputan cada metro de vía, ralentizando drásticamente el ritmo de la ciudad.
Si bien la expansión del transporte masivo con la incorporación de nuevas rutas de autobuses, la ampliación de líneas y vagones del Metro, y la sustitución de rutas de carros de concho ofrece un alivio parcial, la solución sigue quedándose corta. El fenómeno no es exclusivo de Santo Domingo: ciudades de América Latina y el mundo enfrentan desafíos similares, lo que subraya la necesidad de políticas integrales de movilidad urbana.











