En la , tener agua en la tubería no significa necesariamente beberla.
De los registrados en el Censo 2022, unos 3,141,171, equivalentes al 84.3 %, declararon el de agua para beber.
Otro obtiene mediante camioncitos distribuidores, mientras apenas alrededor del 9 % utiliza alguna modalidad proveniente del acueducto.
Los datos aparecen en el en los hogares de la , publicado por la (ONE) en.
La paradoja surge al comparar estas cifras con el abastecimiento doméstico.
La indica que, en la de la región Ozama o Metropolitana, el recibe agua de la red pública, dentro o fuera de la vivienda.
Así, las familias utilizan una fuente para bañarse, lavar, limpiar y cocinar, y otra para beber.
El funciona como una » «, pagada directamente por los hogares.
La Asociación Dominicana de Procesadores de Agua Purificada ( ) estima que existen más de , frente a unas 2,025 contabilizadas en el 2020.
Según su presidente, , cerca del ante la.
Son estimaciones gremiales, no un registro oficial consolidado.
El (Indocal) dispone de normas diferenciadas: la establece los requisitos del agua potable y la , los del envasada.
Pro Consumidor también realiza inspecciones y análisis en plantas envasadoras.
El ( ) reportó un índice de de 83.83 % entre el 28 de junio y el 4 de julio de 2026.
Sin embargo, , cobertura, y son indicadores distintos.
El agua recorre redes y pasa por cisternas, tinacos y otros sistemas domésticos de almacenamiento.
La dependencia genera además , aunque los permiten múltiples reutilizaciones.
En , presentó el sistema de de PET y comenzó.
El no es solo llevar agua a las viviendas, sino lograr que la población confíe en su , y seguridad para beberla.
Índice de Potabilidad entre el 28 de junio y el 4 de julio de 2026, según reportó Inapa..











