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Cultura

El Prodigio: cómo un niño de Cabrera conquistó el acordeón y llevó el merengue típico a Nueva York

El Prodigio: cómo un niño de Cabrera conquistó el acordeón y llevó el merengue típico a Nueva YorkEl Prodigio: cómo un niño de Cabrera conquistó el acordeón y llevó el merengue típico a Nueva York

Una historia de disciplina y pasión que trasciende fronteras y generaciones

Krancy García, El Prodigio, pasó de caminar 9 kilómetros diarios en su niñez en Cabrera a triunfar en Nueva York con el acordeón. Su historia refleja la migración, la identidad cultural y el poder de la música como puente.

En el paraje de Media Gorra, Cabrera, provincia María Trinidad Sánchez, nació un talento que marcaría el merengue típico dominicano. Krancy García, conocido como El Prodigio, encontró en el acordeón su vocación desde los cinco años, inspirado por su padre y los sonidos de El Ciego de Nagua, Tatico Henríquez, Paquito Bonilla, King de la Rosa y Arsenio de la Rosa que sonaban en la radio familiar.

“El acordeón fue el primer instrumento que comencé a tocar y con el que me identifiqué desde el inicio, como que tuve amor a primera vista, matrimonio y todo y boda”, confiesa García. Su padre creía que su habilidad era innata, pero el niño anhelaba formación formal: a los ocho años, pedía asistir a los ensayos de la banda del ayuntamiento de Cabrera.

La disciplina fue su sello: con nueve o diez años, después de la escuela, caminaba nueve kilómetros desde Media Gorra hasta Cabrera para estudiar solfeo y saxofón. “Yo llegaba de la escuela alrededor de la una de la tarde, dejaba la mochila, comía y volvía a salir. Me iba caminando porque a las cuatro debía estar en la escuela de música”, recuerda. Esa entrega lo llevó a emigrar a Nueva York, donde ingresó a Liberty High School y continuó su formación musical en un programa bilingüe.

En Nueva York, El Prodigio no solo perfeccionó su arte, sino que comenzó a componer. Para 1994, ya había escrito entre diez y quince merengues, muchos románticos y con fusiones, influenciados por Juan Luis Guerra. Su historia es un ejemplo de cómo la diáspora dominicana mantiene viva la tradición y la reinventa.

El ascenso de Krancy García, desde un paraje remoto hasta los escenarios internacionales, subraya una tendencia: el merengue típico trasciende generaciones y geografías. Su vida inspira a jóvenes músicos dominicanos, tanto en la isla como en el exterior, a perseguir sus sueños con disciplina y autenticidad.

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