Se repite con frecuencia lo difícil que es batear eficazmente en el béisbol, al extremo, que si se falla en siete de diez intentos se considera al sujeto como experto en la materia.
Dado su formato, el deporte que inventó Alexander Cartwright en el siglo XIX no se somete al tiempo.
Se pactan jugar nueve episodios para cada equipo que se completan cuando tres bateadores son eliminados, declarándose ganador el que acumule más anotaciones al concluir el último capítulo.
Eso genera que en innumerables ocasiones los partidos concluyan las nueve entradas con la anotación igualada, provocando a su vez se efectúen las necesarias entradas extras hasta definir un ganador.
Cuando eso ocurre, se usan lanzadores de relevo que enfrentan bateadores en actividad desde el inicio del juego con obvio agotamiento, razón que ofrece una ventaja para el lanzador.
Esa realidad obliga a reconocer que los mejores resultados en esas circunstancias constituyan un valor agregado al nivel de la ya reconocida calidad del bateador que se evalúa.
Revisar la actuación en entradas extras de los jugadores de liga mayor puede generar sorpresas.
Por ejemplo: los dos mejores dominicanos en ese escenario son Carlos Peña y Hanley Ramírez.
El primero, muy subvalorados sus aportes; era un excelente inicialista defensivo, generaba un genuino poder y aunque se ponchaba con frecuencia, poseía tan buen dominio de la zona de strike que finalizó su carrera con un OBP de .346 aun cuando su promedio ofensivo fue .232.
Participó en ochenta juegos que se fueron a entradas extras, logrando en esas circunstancias una línea ofensiva de .333/.460/.704, agregando nueve cuadrangulares en cien apariciones al plato.
Por su parte Ramírez tuvo en su carrera conquistas ofensivas que lo avalan como bateador de élite.
Novato del Año de la Liga Nacional en 2006, líder de bateo del mismo circuito en 2009 (.347), promedio de bateo de .380 en postemporadas, en tres campañas logró más de .900 en OPS, finalizando con línea ofensiva de .289/.360/.486/.847, muy buena, pero lo alcanzado cuando entraba a batear en juegos extendidos más allá de la novena entrada, sus porcentajes evidencian un formidable aumento de eficiencia: .400/.473/.617/1.090, en 131 visitas al pentágono.
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