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Feminicidio de Esmeralda Moronta: el desafío pendiente de la evaluación de riesgo en violencia de género

Feminicidio de Esmeralda Moronta: el desafío pendiente de la evaluación de riesgo en violencia de géneroFeminicidio de Esmeralda Moronta: el desafío pendiente de la evaluación de riesgo en violencia de género

El caso expone la necesidad de respuestas rápidas y coordinación institucional

El asesinato de Esmeralda Moronta, de 33 años, tras denunciar acoso y rastreo GPS por su expareja, reaviva el debate sobre la eficacia de los protocolos de protección en violencia de género.

Esmeralda Moronta, de 33 años y madre de dos niños menores, denunció acoso continuado y rastreo por GPS por parte de su expareja. Momentos después de acudir a la Unidad de Atención a la Violencia de Género, fue asesinada. El hecho genera preguntas inevitables: ¿cómo pudo ocurrir?, ¿qué elementos de riesgo estaban presentes?, ¿qué factores deben analizarse para prevenir hechos similares?

Desde la criminología, la violencia feminicida rara vez aparece de manera repentina. Antes de un desenlace de estas características, existen conductas previas que funcionan como indicadores de riesgo y que, cuando son correctamente identificadas e interpretadas, permiten a las instituciones valorar el nivel de peligrosidad y la posible escalada de violencia. El control constante, la vigilancia mediante tecnología, el acoso persistente, la persecución o la dificultad para aceptar una ruptura son conductas que, desde el análisis criminológico y victimológico, pueden asociarse a dinámicas de violencia de alto riesgo, especialmente cuando la víctima expresa miedo o sensación de amenaza.

Según las informaciones difundidas públicamente, Esmeralda Moronta había acudido previamente a las autoridades competentes expresando su preocupación. Este aspecto vuelve a poner sobre la mesa la importancia de las evaluaciones de riesgo integrales y de los mecanismos de seguimiento en contextos de violencia de género. Muchas víctimas recurren a instituciones de protección buscando una intervención temprana y seguridad. Sin embargo, los casos de violencia compleja requieren respuestas más rápidas, coordinación institucional y análisis individualizados que permitan detectar posibles factores de escalada.

Desde la criminología preventiva, estos casos reflejan la necesidad de fortalecer los procesos de valoración de riesgo, el seguimiento de conductas de control y la atención especializada en violencia de género. La prevención no comienza únicamente después del crimen, sino en la capacidad de identificar señales previas y actuar antes de que la violencia alcance consecuencias irreversibles. También resulta importante comprender que las conductas de riesgo pueden manifestarse de forma progresiva y, en ocasiones, normalizarse o minimizarse en las primeras fases de la relación violenta. Por ello, el análisis integral del contexto y de los antecedentes resulta fundamental. El caso de Esmeralda Moronta representa una oportunidad para reflexionar sobre la importancia de la prevención, la detección temprana y el abordaje especializado de la violencia de género desde una perspectiva criminológica y victimológica. Por Andrea Haro Graciano.

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