Defensa busca cierre definitivo del caso que conmocionó a Estados Unidos
La defensa de Lindsay Clancy pidió a un juez de Massachusetts que la declare no culpable por falta de responsabilidad criminal y evite un segundo juicio por la muerte de sus tres hijos, después de que el primer proceso terminara sin veredicto con 11 de los 12 jurados inclinados por absolverla.
El abogado Kevin Reddington presentó este jueves una moción ante el Tribunal Superior de Plymouth en la que sostiene que la Fiscalía no aportó pruebas suficientes para demostrar más allá de toda duda razonable que Clancy podía comprender la ilicitud de sus actos o controlar su conducta cuando estranguló a sus hijos en enero de 2023. La petición representa un intento de cerrar definitivamente uno de los procesos criminales más seguidos de Estados Unidos en los últimos años.
El juicio terminó el pasado 4 de septiembre después de casi seis semanas de testimonios y siete días de deliberaciones. El jurado no consiguió alcanzar la unanimidad exigida y el juez William Sullivan declaró la nulidad del proceso. Según varios miembros del jurado que hablaron públicamente después del juicio, 11 estaban dispuestos a declarar a Clancy no culpable por falta de responsabilidad criminal y uno se negó. Incluso aseguraron que el jurado disidente reconoció tener dudas razonables, pero aun así no quiso votar por la absolución.
La legislación procesal de Massachusetts permite que, después de que un jurado sea despedido sin alcanzar un veredicto, la defensa renueve una solicitud de declaración obligatoria de no culpabilidad. El juez puede concederla cuando considera que las pruebas son jurídicamente insuficientes para sostener una condena. La audiencia para discutir la petición está prevista para el 29 de septiembre. La Fiscalía del condado de Plymouth todavía no ha anunciado si, en caso de que la moción sea rechazada, llevará nuevamente a Clancy ante un jurado.
El caso comenzó la noche del 24 de enero de 2023 en Duxbury, una localidad situada aproximadamente 55 kilómetros al sur de Boston. Clancy, entonces de 32 años y enfermera especializada en parto y maternidad, estaba en su vivienda junto a sus tres hijos: Cora, de cinco años; Dawson, de tres, y Callan, de ocho meses. Su esposo, Patrick Clancy, trabajaba desde la casa. Aquella mañana, Lindsay llevó a Cora a una consulta pediátrica. Después regresó a casa y salió con los dos hijos mayores a jugar en la nieve. Envió fotografías de los niños a su madre y a Patrick. Los investigadores dijeron posteriormente que no encontraron nada extraño en aquellos mensajes. Horas después pidió a Patrick que saliera a buscar comida en un restaurante y un medicamento para los niños. Ese detalle terminaría convirtiéndose en una pieza central de la acusación. Los fiscales mostraron que Lindsay había consultado en su teléfono cuánto tardaría el recorrido hasta el restaurante. Para la Fiscalía, estaba calculando cuánto tiempo tendría sola con los niños. La defensa sostuvo que esas acciones cotidianas no demostraban que estuviera planificando asesinarlos. Mientras Patrick estaba fuera, Lindsay estranguló a los tres niños con bandas de ejercicio en el sótano de la vivienda. Cora y Dawson murieron esa noche. Callan fue trasladado al Boston Children’S Hospital, donde médicos consiguieron reanimarlo, pero murió el 27 de enero debido a las lesiones sufridas por la asfixia. Después de atacar a los niños, Clancy intentó suicidarse. Sufrió heridas y cayó desde una ventana del segundo piso de la vivienda, provocándose graves lesiones.









