La pregunta es legítima, porque según todas las mediciones, la seguridad sigue siendo una de las principales preocupaciones ciudadanas.
La pregunta es necesaria, porque este gobierno ha invertido tiempo, recursos, esfuerzos y capital político en hacer una reforma policial; una que modernice la institución y cambie el proceder de individuos cuyas actuaciones están determinadas por un marco mental que les antecede en tiempo y espacio; uno que condiciona acciones y reacciones; una cultura policial difícil de desmontar.
¿Cómo cambiar en cuatro, ocho o diez años una mentalidad policial que fue configurada como una fuerza de represión, cuyo objetivo, según su diseño netamente trujillista, era mantener a raya a la ciudadanía por medio del abuso, el terror y la arbitrariedad? La pregunta es necia, pero toca hacerla, sobre todo cuando desde una lógica estrictamente política –legítimo– se escuchan cuestionamientos al proceso de reforma impulsado por Luis Abinader desde litorales políticos opositores que detentaron y ejercieron el poder, sin que en su momento plantearan la necesidad de una reforma policial; a sabiendas de que es un proceso que la realidad comparada y la evidencia empírica demuestran que es traumático, toma tiempo, desgasta, y los resultados son de largo plazo.
A ningún político le luce criticar la reforma policial que impulsa el gobierno, si no tienen la humildad de reconocer previamente que ningún gobierno ha hecho más por modernizar la Policía Nacional que este.
A la sociedad, prensa, academia, ciudadanía, sí nos luce politizar la reforma –porque todo es político–, pero a los políticos que pudieron hacer cambios y prefirieron no hacer nada, a esos no.
Con relación a este tema, calladitos se ven más bonitos.
Como el flamboyán, después de las flores vienen las vainas, y, ciertamente, el crimen de Darlin Mercado es tan sólo otro más de la larga cadena de abusos, vejaciones y arbitrariedades, que cometen muchos miembros de la policía diariamente, por lo que sí es válido preguntar lo mismo que afirman algunos políticos: ¿fracasó la reforma policial? Si la reforma policial va por buen camino, ¿qué hacían esos policías en Guajimía requisando motores?, ¿o acaso nos vamos a hacer los suecos y negar que detrás de los constantes y permanentes decomisos de motores, bocinas y lo que sea que se le antoje a las patrullas y unidades motorizadas, lo que hay es una búsqueda diaria y sonante? Se sabe cómo funcionan los sistemas de cuotas (y la trazabilidad invertida de las recaudaciones, desde abajo hacia arriba), y no pasa nada.
Si algo nos ha demostrado el 4% para la educación, es que se pueden aumentar salarios y construir infraestructuras, sin que eso necesariamente se traduzca en una mejora de la calidad.
Con la Policía Nacional pasa exactamente igual, sólo que, en vez de rezagos educativos, hay una estela de cadáveres… Tags relacionados LAS MÁS RECIENTES Edición impresa españa israel diplomacia realeza.












