103 partidos , 38 días de fútbol.
Al Mundial le ha sobrado política pero afortunadamente no le han faltado goles.
Hemos descubierto que nos gustan los vikingos de Noruega y lo mal que cae Argentina con Messi incluido, aunque sea el mejor de los mejores.
Hemos despedido a Cristiano Ronaldo que, al final, resultó ser más sencillo de lo que prometía hace unos años.
Y Francia e Inglaterra se parecen bastante a la Eurabia que dibujaba Oriana Fallaci en La Fuerza de la Razón allá por 2004.
Sus jugadores no son inmigrantes, son ciudadanos franceses o ingleses y no de primera generación la mayoría.
Y no hay que estar ni a favor ni en contra de la migración o de ese líquido concepto que llaman multiculturalidad : es la realidad de Europa desplegada en un campo de fútbol. El problema surge cuando no se acepta la cultura del que viene o el que llega no se adapta a la cultura que lo acoge.
Los jóvenes vascos desafían (ya era hora) a los nacionalistas y se ponen la camiseta de la selección española.
Las Malvinas son argentinas, dicen sus futbolistas.
Trump hizo trampa perdonando una tarjeta a Balogun.
Egipto perdió un partido de fútbol pero se lo tomó como un desprecio a Alá.
Cucurella , el más carismático de la selección española será jugador del Real Madrid la próxima temporada.
Un portero de Cabo Verde, Vozinha , es el rostro del Mundial y ni Argentina ni España lograron marcarle un gol.
Mbappé es un crack y Kane, el jugador modélico fuera y dentro del campo.
El Mundial (de Trump) ha sido un éxito, a pesar de la acritud de los agoreros.
Sobra el espectáculo de medio tiempo , esto no era la Super Bowl ni falta que hace. (Y por supuesto, todos los árbitros han pitado a favor o en contra.) Inés Aizpún es una periodista dominicana y española.
Ha recibido el premio Caonabo de Oro, el Premio de la Fundación Corripio de Comunicación por su trayectoria, y el premio Teobaldo de la Asociación de Periodistas de Navarra..











