Adiós a una figura clave del cine de autor y su influencia en la diáspora
El director, escritor y guionista español Gonzalo Suárez falleció este martes en Madrid a los 92 años, dejando un legado que transformó la relación entre literatura y cine. Su obra y premios resuenan en la industria iberoamericana y en la diáspora dominicana.
Gonzalo Suárez, nacido en Oviedo en 1934, murió este martes en su domicilio de Madrid a los 92 años, según fuentes familiares citadas por. Su trayectoria abarcó la dirección, el guion, la actuación y el periodismo deportivo, y fue reconocido con el Premio Nacional de Cinematografía, el Goya a mejor dirección por ‘Remando al viento’ (1988) y el Goya de Honor en la 40.ª edición de los premios, celebrada el pasado 28 de febrero en Barcelona.
Su cine se distinguió por la imaginación y la fantasía, con una fuerte inspiración literaria. Adaptó para televisión ‘Los pazos de Ulloa’, de Emilia Pardo Bazán, y ‘La Regenta’, de Leopoldo Alas ‘Clarín’. En los 70 dirigió ‘Morbo’, con Ana Belén y Víctor Manuel, y versiones de clásicos como ‘La Regenta’, ‘Beatriz’ o ‘La parranda’. Su infancia estuvo marcada por el traslado familiar a Madrid a los dos años y la represalia contra su padre, catedrático de francés, durante la Guerra Civil y la posguerra.
En los 80, ‘Epílogo’ (1984) le valió premios en Cannes y Río de Janeiro. ‘Remando al viento’, sobre Mary Shelley, con Lizzy McInnerny, Hugh Grant, José Luis Gómez y Elizabeth Hurley, obtuvo la Concha de plata en San Sebastián y siete goyas, incluidos mejor película y dirección. En los 90 estrenó ‘Don Juan en los infiernos’ (1991), Premio Europa Cinema en Viareggio, y ‘El detective y la muerte’ (1994), seleccionada en Francia entre las mejores europeas del año.
Continuó con ‘El portero’ (2000), ‘Arsénico, por favor’ (2002), ‘El genio tranquilo’ (2005) y ‘Oviedo Express’ (2007), con Aitana Sánchez-Gijón, Maribel Verdú, Carmelo Gómez y Jorge Sanz. Tras doce años de silencio, en 2019 estrenó ‘El sueño de Malinche’, sobre la llegada de Hernán Cortés a México. Ante las dificultades para financiar su cine, se volcó en la escritura, con decenas de novelas y libros de relatos y crónicas. Recibió, entre otros, el Premio Nacional de Cinematografía (1991), la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio (2016), Caballero de las Artes y las Letras de Francia (1997) y la Medalla de Oro de Bellas Artes (1990).












