La iniciativa de Cruz Jiminián busca humanizar la atención al final de la vida en República Dominicana
La Fundación Cruz Jiminián presentó el proyecto del Hospital de la Dignidad, un centro pionero en cuidados paliativos para pacientes terminales de escasos recursos, que podría cambiar la forma de entender la salud en el país.
La construcción del Hospital de la Dignidad, impulsada por el doctor Félix Antonio Cruz Jiminián, marca un hito en la salud dominicana e internacional: un espacio dedicado exclusivamente a mejorar la calidad de vida de pacientes terminales, sin importar su condición económica. El centro estará en un terreno de 7,000 metros en el sector Bienvenido de Santo Domingo Oeste y busca llenar un vacío en el sistema de salud local.
Cruz Jiminián, conocido por su labor social, explicó que el proyecto nació de ver el sufrimiento de familias pobres que no pueden costear cuidados paliativos. «Nosotros no vamos a alargar la vida a ningún paciente; les vamos a mejorar la calidad de vida», dijo, subrayando el enfoque en el alivio del dolor y el acompañamiento.
El hospital abrirá con 30 habitaciones tipo cabaña, con espacio para el paciente y sus familiares, y tiene planes de expandirse a 200 o 300 unidades. El costo estimado es de 100 millones de pesos, y ya se han recibido donaciones como 100,000 dólares de Felipe Ángel, de International Academy Company, así como cemento, blocas y aportes menores. El centro tendrá un costo mínimo para los pacientes, pensado para los más pobres.
El proyecto también incluye un acuerdo con una fundación que aportará servicios de rayos X, sonografía y laboratorio. El director médico, Julián Rodríguez, destacó que los cuidados paliativos no se limitan a lo médico, sino que abarcan el bienestar integral del paciente. El vicepresidente de la Fundación, Luis Cruz Camacho, afirmó que responde a una necesidad nacional.
La bendición del proyecto estuvo a cargo de monseñor Ramón Benito Ángeles, quien llamó a instituciones y personas a sumarse. Con este modelo, República Dominicana se posiciona a la vanguardia en la región en cuanto a atención humanizada al final de la vida, un tema que gana relevancia global y que la diáspora sigue de cerca.











