El Santuario Meiji está lleno en Año Nuevo Pamela Ramos G Mi visita a Japón está por terminar.
Para conocer mejor otra zona de Tokio , me voy al barrio de Ginza.
Me alojo en el hotel IYF, en una habitación individual a buen precio.
El ambiente de Ginza es más calmado que en Shinjuku.
Tiene una energía completamente distinta, silenciosa y casi vacía en comparación con los días anteriores.
Camino hasta el Palacio Imperial.
Al llegar noto que el acceso está bloqueado por un evento.
Aun así, los jardines están abiertos y puedo caminar y apreciar el parque.
Alrededores del Palacio Imperial Pamela Ramos G Durante esos días estuve en contacto con Carolina Pichardo , periodista dominicana que vive en Tokio y es conocida y apreciada por mi abuela Carmenchu.
Hoy nos reunimos y me lleva a recorrer la famosa calle peatonal Takeshita, Seguimos hacia el santuario Meiji, que, por ser año nuevo, está completamente lleno.
Como me explica Carolina, es un día donde van a pedir buena fortuna para el año.
Es casi imposible llegar al punto principal, pero podemos recorrer varias de sus instalaciones y el jardín, que es precioso.
Al regresar pasamos por el renombrado cruce de Shibuya, sin el caos del día anterior.
Terminamos cenando en un sitio sencillo que ella conocía, con mucha variedad y precios asequibles.
Vuelvo pronto al hotel porque al día siguiente tengo una experiencia que me hace mucha ilusión: ver prácticas de sumo en Ryogoku, el barrio de los sumos.
Con ese fin reservé un tour en Revolut Experiences.
Asistir a un entrenamiento de sumo depende de la época del año: puedes ver prácticas o torneos.
La guía nos explica cómo funciona el mundo del sumo profesional y las reglas del lugar, especialmente el silencio.
Entrenamiento de sumos Pamela Ramos G Verlo en persona es impresionante.
Pasan tantas cosas al mismo tiempo que no sé hacia dónde mirar.
La intensidad del entrenamiento, el respeto absoluto y la concentración de los luchadores hace que todo se sienta muy diferente a cualquier otra experiencia deportiva que haya visto.
Después, me dirijo hacia Shibuya.
En la plaza Harajuku subo a la azotea para observar las vistas de esta zona con sus tiendas de vanguardia y cafeterías, y luego camino por el lugar.
Plaza Harajuku Pamela Ramos G Retorno al cruce de Shibuya.
Miro la gente desde el Starbucks de la esquina, sorprendente.
Tengo reservación para comer en la misma zona, Flippers, famoso por sus fluffy pancakes.
Muy buenos.
Al final del día regreso al hotel, pero para aprovechar la última noche, salgo de nuevo.
¡Está nevando !, convirtiendo en mágica esta última noche.
Prosigo hasta Akihabara, “la ciudad eléctrica”, una zona famosa por el anime, videojuegos y luces por todas partes.
Como un sando (sandwich japonés) callejero de carne, entro a tiendas que por fuera parecen pequeñas, pero dentro son un mundo, y luego ceno un ramen de miso buenísimo.
Cierro mi última noche en Japón con una experiencia completamente diferente: un tour tipo Tokyo Drift, estilo Fast & Furious, recorriendo la ciudad en convoy de coches.
Entre luces, autopistas y vistas nocturnas de Tokio, siento que es la forma perfecta de terminar el viaje.
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