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La batalla contra la basura en los ríos del Gran Santo Domingo: un reto de cultura ciudadana

La batalla contra la basura en los ríos del Gran Santo Domingo: un reto de cultura ciudadanaLa batalla contra la basura en los ríos del Gran Santo Domingo: un reto de cultura ciudadana

Miles de toneladas diarias desbordan la capacidad de recolección y contaminan los cauces

El problema de los desechos sólidos en los ríos Ozama e Isabela y las cañadas del Gran Santo Domingo persiste como un desafío cultural que enfrenta a las autoridades municipales con los hábitos de una parte de la población, con graves consecuencias ambientales y de salud pública.

A pesar de los operativos de recolección ejecutados por los ayuntamientos, comunitarios de La Zurza, Domingo Savio, Guajimía y El Dique continúan arrojando desechos en ríos y cañadas, perpetuando un grave problema ambiental y de salud pública. Según datos del sector ambiental, un ciudadano dominicano produce en promedio entre 0.97 y 1.2 kilogramos de basura al día. En el Gran Santo Domingo, esto representa miles de toneladas de desperdicios diarios, un volumen que desborda la capacidad operativa y convierte a los cauces hídricos en vertederos.

En La Zurza, a orillas del río Isabela, la acumulación de plásticos es permanente. Aunque los camiones recolectores de la alcaldía ingresan a las zonas accesibles, la falta de educación y la comodidad provocan que los desperdicios terminen en la corriente de agua. “El camión pasa por la avenida principal, pero los que vivimos más abajo preferimos tirar la funda por la barranca, nadie quiere tener basura uno o dos días en la casa por los ratones”, dijo Juana Méndez, residente del sector La Zurza. Alejandro Ulloa, estudiante de medicina y residente de la zona baja, agregó: “Falta mucha educación aquí. La gente ve el río como un zafacón gigante sin darse cuenta de que cuando sube la marea o llueve, toda esa porquería se nos mete a las casas”.

Una situación similar ocurre en Domingo Savio, bordeando el río Ozama, donde residentes ignoran los horarios de recogida y sacan sus desechos a la avenida Paseo del Río. Este comportamiento invalida los operativos de limpieza e incrementa la contaminación y el riesgo de inundaciones. “A veces el camión no entra a los callejones más estrechos, entonces la solución más rápida para muchos vecinos es sacar los desechos a la acera a orillas del río. Lo malo es que lo hacen todos los días y no esperan los días que pasa el camión”, narró un habitante del sector. En Santo Domingo Oeste, la cañada de Guajimía enfrenta la misma realidad: los vertederos improvisados crecen tras cada jornada de saneamiento. «Cuando empieza a llover, la gente aprovecha la corriente de la cañada para tirar muebles viejos, plásticos y de todo, pensando que el agua se los va a llevar lejos», expresó un residente cercano.

Finalmente, en El Dique, en Santo Domingo Este, la cercanía con el río facilita que los desperdicios sean arrojados al agua en lugar de esperar las brigadas de limpieza. La costumbre de usar el entorno natural como depósito neutraliza los planes de saneamiento ambiental. «El río Ozama está al frente de nuestras casas y para muchos es muy fácil tirar las fundas al agua antes de irse a trabajar», señaló un residente. El problema trasciende lo local y se inserta en la tendencia regional de contaminación de cuencas hidrográficas por mal manejo de residuos sólidos.

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