Renuncias y advertencias en Anthropic y OpenAI reavivan el debate sobre el control de la inteligencia artificial
Las advertencias de investigadores sobre el riesgo de extinción por IA superinteligente cobran fuerza tras la renuncia de un experto de Anthropic y la presión de más de 1.000 trabajadores del sector para una desaceleración coordinada.
Las advertencias de investigadores en inteligencia artificial (IA) que sostienen que formas avanzadas podrían aniquilar a la humanidad han reavivado el debate sobre el desarrollo de sistemas «superinteligentes» y la capacidad de los gobiernos para regularlos. En 2023, cientos de expertos en IA y dirigentes del sector tecnológico firmaron una declaración sobre el riesgo de extinción asociado a la inteligencia artificial, exhortando a tratarlo con la misma seriedad que las pandemias o las armas nucleares.
Stuart Russell, profesor de informática de la Universidad de California en Berkeley, advirtió que si una IA escapa al control y considera que los humanos obstaculizan sus objetivos, podría utilizar robots para «sintetizar y difundir nuevos agentes patógenos». No obstante, subrayó que esos riesgos no se aplican a los sistemas actuales. El peligro inmediato, según él, es el uso malicioso de la IA por parte de seres humanos, por ejemplo, para perpetrar un atentado terrorista. «En el próximo año o dos años, creo que el mayor riesgo radica en un uso indebido de la inteligencia artificial por parte de los seres humanos», afirmó.
Jacos Coxon, investigador de Anthropic de 27 años, anunció esta semana su renuncia a la empresa estadounidense al estimar que no actúa de forma «responsable» en el desarrollo de la IA. Los laboratorios «comprenden bien lo que está en juego, pero están atrapados en una carrera por llegar primero (…) a pesar del riesgo», dijo. Anthropic retiró este año de su carta de seguridad el compromiso de detener el desarrollo de sus modelos si no podía controlar adecuadamente sus riesgos, argumentando que, si suspendiera sus investigaciones, competidores menos prudentes acabarían imponiéndose. «Las personas que están desarrollando la IA creen sinceramente que podría matarnos a todos antes de que termine la década. Esto no es una estrategia de mercadeo», afirmó Coxon, quien anteriormente trabajó en OpenAI, la empresa que creó ChatGPT.
Colon acusó a ambas compañías de «jugar con nuestras vidas» al intentar desarrollar modelos de inteligencia artificial capaces de mejorarse a sí mismos. Los temores ante una IA fuera de control aumentaron después de que una tecnología de OpenAI, operando sin supervisión humana, lograra vulnerar Hugging Face, una plataforma que aloja modelos de IA. Evan Hubinger, responsable de seguridad en Anthropic, le dio la razón a Coxon en X: «Creemos realmente que la IA podría matar a humanos», y estimó a título personal ese riesgo en más de un 10% dentro de la próxima década. Para Hussein Abbass, profesor de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW) de Canberra, «la situación sigue siendo controlable», pero los gobiernos deben actuar y desarrollar mecanismos regulatorios adaptables a medida que la tecnología avanza. En julio, más de 1.000 trabajadores del sector, incluido el director ejecutivo de Anthropic, pidieron a Washington que respaldara una desaceleración coordinada en el desarrollo de los sistemas de IA más avanzados.









