Durante décadas hemos mirado la endometriosis como un problema exclusivamente ginecológico: tejido endometrial donde no debería estar.
Pero una pregunta incómoda gana terreno: ¿y si parte de la respuesta estuviera en el intestino? La endometriosis es una enfermedad estrógeno-dependiente , inflamatoria y crónica.
Ahí aparece el primer punto de contacto con la microbiota.
El intestino alberga el estroboloma : el conjunto de genes bacterianos capaces de producir ß-glucuronidasa , enzima que reactiva los estrógenos que el hígado había marcado para eliminación.
Una microbiota alterada puede, en teoría, aumentar la carga estrogénica circulante y alimentar las lesiones ( Nannini y cols.
2025 ) No es solo teoría.
Una revisión sistemática y metaanálisis de 2025 halló en mujeres con endometriosis un patrón de disbiosis reproducible: mayor abundancia de Proteobacteria , Enterobacteriaceae y Escherichia coli , junto a una reducción de géneros protectores como Bifidobacterium y Lachnospira , que ayudan a mantener la barrera intestinal.
Otros trabajos describen además un ambiente proinflamatorio e inmunosupresor que favorecería la supervivencia del tejido ectópico.
Afirmar que «la endometriosis empieza en el intestino » es, hoy, científicamente prematuro.
Aquí está el nudo del debate: no sabemos si la disbiosis es causa o consecuencia.
La inflamación pélvica crónica y el dolor bien podrían modificar la microbiota , y no al revés.
Una revisión de alcance de 2025 fue explícita sobre la heterogeneidad de los estudios, tamaños muestrales pequeños y falta de estandarización: correlación no es causalidad.
Lo honesto es decir que existe una asociació n consistente , con un mecanismo biológicamente plausible el eje intestino -estrógeno pero sin prueba de causalidad en humanos.
Aun con esa cautela, la conversación tiene valor clínico.
Si el eje microbiota -estrógeno-inflamación resulta relevante, abre puertas a lo que hoy no tenemos: biomarcadores no invasivos para acortar los 7-10 años que suele tardar el diagnóstico , y coadyuvantes dietéticos (fibra fermentable, modulación del estroboloma ) que acompañen —nunca reemplacen— al tratamiento médico y quirúrgico.
Como nutrióloga clínica , mi postura es de entusiasmo prudente: ni vender probióticos como cura, ni ignorar una línea prometedora.
La endometriosis seguirá tratándose desde la ginecología , pero quizás pronto la miremos también desde el plato.
Especialidad en Nutriología Clínica en INTEC.
Master en Nutrición y Alimentación en Universidad de Barcelona (UB).
Ejerce su práctica profesional en NEP CENTER..












