Con elecciones en el horizonte, los partidos dominicanos se enredan en conflictos personales mientras el 75% de los hogares sufre hacinamiento y los trabajadores de la región enfrentan riesgos climáticos sin precedentes, según datos del Banco Mundial y la OIT.
La política dominicana atraviesa una paradoja: en un año que decidirá el rumbo del país para los próximos cuatro años, la agenda pública se ha vuelto insoportablemente liviana. Los conflictos personales entre líderes ocupan el espacio que deberían dedicarse a las grandes preguntas nacionales, mientras los problemas estructurales se acumulan. Según un análisis basado en el Censo de 2022, el 75% de los hogares dominicanos vive en condiciones de hacinamiento, un dato que revela la profundidad de la crisis habitacional.
A nivel internacional, la tendencia es preocupante. El Banco Mundial y la OIT estiman que entre el 25% y el 30% de los trabajadores de América Latina y el Caribe están expuestos al calor extremo, un fenómeno que afecta directamente la productividad y la salud laboral. República Dominicana no es ajena a esta realidad, y la falta de políticas públicas para mitigar el impacto del cambio climático agrava la vulnerabilidad de los sectores más pobres.
El debate nacional se concentra en la recaudación fiscal, pero ignora las necesidades de quienes trabajan, producen y emprenden. Tampoco se discute qué enseñar para un futuro incierto, ni cómo promover estilos de vida sostenibles. La diáspora dominicana, que envía remesas vitales para la economía, también observa con preocupación la falta de propuestas concretas para su integración y protección.
La incertidumbre no solo afecta a los hogares pobres, sino también a empresarios, profesionales e intelectuales que perciben un cambio de ciclo. Cuando la política se vuelve liviana y los problemas permanecen pesados, el sistema político se rompe. Una parte creciente de la población deja de preguntarse qué partido la representa y comienza a cuestionar si el sistema democrático es capaz de resolver sus problemas. El riesgo de que ese vacío sea ocupado por discursos autoritarios o populistas es real, como lo demuestra la historia de la región.
El escritor Milan Kundera reflexionó sobre el peso y la levedad de la existencia. En República Dominicana, la política ha optado por la levedad, pero la realidad es pesada. La pregunta es si los líderes estarán a la altura de un momento que exige respuestas serias sobre vivienda, trabajo, clima y futuro. La respuesta definir no solo las próximas elecciones, sino el comienzo de una nueva etapa para el país.











