Testimonio personal recorre la historia política dominicana desde 1965 hasta hoy
Un relato en primera persona describe el recorrido de un militante que, influenciado por su hermano Diomedes, se unió al Partido de la Liberación Dominicana (PLD) tras su fundación por Juan Bosch. La narración abarca desde la efervescencia juvenil de los años sesenta hasta la distancia crítica de la política partidaria, ofreciendo una mirada al devenir nacional.
El autor rememora su interés temprano por la política, motivado por su hermano Diomedes, quien desde niño mostraba inclinación por las letras y los asuntos públicos. En su casa se discutían ideas de justicia y patria, y pronto entendió que la política no era ajena a la vida. Tras la guerra de abril de 1965, la juventud dominicana vivía un ambiente de utopía esperanzadora, en plena Guerra Fría, con persecuciones políticas y dos bloques hegemónicos que dividían a los comprometidos con el cambio.
En ese contexto, escuchó el anuncio de Juan Bosch sobre la fundación del PLD. Junto a Diomedes y otros compañeros de la Universidad Autónoma de Santo Domingo —él en Economía, su hermano en Letras— se integró de inmediato al partido. Participaron en la etapa formativa, círculos de estudio, discusiones ideológicas y campañas, formando parte de una generación que soñó con transformar el país desde la base, con ética, ideas y ejemplo.
El texto señala que cuando el PLD llegó al poder por primera vez, el país avanzó con modernización en la administración pública, crecimiento económico y apuesta por el conocimiento. No obstante, con el tiempo sobrevinieron errores, especialmente durante los gobiernos de Danilo Medina, cuando se desdibujaron principios y se bajó la guardia ética. Esto provocó que el autor y su hermano se distanciaran de la política partidaria activa, sin renunciar a apostar por un mejor porvenir para la nación.
Actualmente, el autor mantiene simpatías hacia Leonel Fernández, a quien vio crecer y asumir el legado de Bosch, y ve en su hijo Omar una reserva valiosa, recordando la frase de Bosch sobre Leonel como una ‘mina de oro’. Concluye que sigue creyendo que la política puede ser decente y que hay quienes la entienden como un apostolado. Escribe para sus nietos, para que sepan que la política es pasión por lo justo y que el civismo no caduca.










