La Ley No.
63-17, de Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial define las aceras como zonas exclusivas para peatones.
En su Artículo 237 se prohíbe de manera expresa estacionarse sobre ellas, bajo pena de multas.
Esta es una de las tantas leyes “decorativas” de nuestro país, que sólo existen, pero no funcionan.
No estoy escribiendo mentiras.
Si lástima da ver cómo hay que tirarse a la calle para poder caminar por distintos sectores de la ciudad, más penoso es observar la forma en que las autoridades competentes ignoran por completo el problema.
LISTÍN DISRIO lo ha mostrado “con peras y con manzanas” y de ninguna manera ha logrado que al menos se amague con la solución.
Da impotencia ver cómo, si un vehículo está parqueado en la calle en donde no debe hacerlo, la grúa se lo lleva, pero justo al lado, hay varios sobre las aceras, y ahí mismo los dejan, dejando en puntos suspensivos, que ahí sí están bien.
Buscando información sobre las reglamentaciones que velan por la preservación de los espacios públicos, un amigo con sobrados conocimientos respecto al tema, me dijo que son muchas las normas que existen, pero pocas las que se cumplen.
“Para que tengas una idea, en realidad, no hay una ley específica que prohíba construir sobre las aceras.
Lo que tenemos son diversas leyes y normativas para esto.
Lo que sí te puedo decir es que, de que no se puede, no se puede.
Pero aquí no se le está haciendo caso a esto, y al parecer, no hay quién ponga un alto a este tipo de problemática que está causando tantos inconvenientes de violencia, de peligro, de riesgo, de ornato…”.
Cada día se normaliza más esta mala práctica.
El régimen de consecuencia es algo que no se negocia en la ciudad fabulosa que visité para ver cómo se aplican las leyes cuando alguien las incumple.
Como el tema en cuestión eran las aceras, fije mi vista hacia ese espacio público que con tanto cuidado resguardan.
Saben que es una parte importante de todas las vías, pues es el área asignada para que los peatones caminen libremente sin arriesgar su vida tirándose a la calle.
Quien en ese lugar intente estacionarse sobre una acera o construir encima de ella debe atenerse a las consecuencias.
Hay multas que pagar, y en su defecto, justicia que enfrentar.
No es un relajo.
Es un delito serio y así lo asumen las autoridades, las que defienden a capa y espada los espacios públicos.
Llegado el momento de volver a nuestro país, hice todo lo posible por quedarme aunque sea con la sensación que se siente en la ciudad fabulosa donde todo funciona conforme a las normativas que existen.
Aunque ya en mi realidad, prefiero creer que puedo caminar libremente por las aceras sin temor a que me atropellen o a tener algún tipo de conflicto con “los dueños” de los espacios públicos.
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