CIUDAD DEL VATICANO. – El papa León XIV pidió este miércoles a obispos y sacerdotes asumir su responsabilidad en la correcta aplicación de la liturgia católica y rechazó los abusos cometidos en algunos sectores de la Iglesia tras la reforma impulsada por el Concilio Vaticano II.
Durante la audiencia general celebrada en la Basílica de San Pedro, el pontífice explicó que la reforma litúrgica del Vaticano II forma parte de la tradición viva de la Iglesia y consideró que su adecuada interpretación permite también cuestionar prácticas que se han apartado de sus principios.
León XIV advirtió que algunos de estos abusos todavía persisten debido a una interpretación equivocada o a la absolutización de determinados principios que sustentaron la reforma.
Ante esta situación, el papa llamó a los pastores de la Iglesia, especialmente a los obispos y sacerdotes, a custodiar y promover una liturgia que respete las normas establecidas, mantenga una «noble sencillez» y refleje la unidad, santidad y universalidad de la Iglesia católica.
En su catequesis, el pontífice abordó las razones que llevaron al Concilio Vaticano II a impulsar una renovación de la liturgia, entre ellas la necesidad de que los fieles participaran activamente en los misterios de la fe y no permanecieran como «extraños y mudos espectadores».
El papa recordó además que la liturgia ha experimentado transformaciones a lo largo de la historia, al tratarse de una realidad viva que ha adaptado sus formas a las necesidades de cada época.
En ese sentido, explicó que la revisión de los libros litúrgicos promovida por el Vaticano II buscó, respetando el patrimonio de la tradición, facilitar una mayor comprensión de las celebraciones religiosas y favorecer una participación más fructífera en la Eucaristía y los demás sacramentos.
León XIV también destacó que el proceso de renovación litúrgica no comenzó con el Concilio Vaticano II, sino que venía desarrollándose desde principios del siglo XX bajo el impulso de varios pontífices y del denominado movimiento litúrgico.
La cuestión litúrgica continúa generando divisiones dentro de la Iglesia católica, especialmente entre sectores conservadores que defienden la celebración de la misa en latín según el rito anterior a las reformas del Concilio Vaticano II y quienes respaldan la renovación litúrgica posterior.











