Análisis revela que el presidente no prioriza a sus militantes, un quiebre con la tradición
Un análisis de Danilo Cruz Pichardo destaca que el trato despectivo de funcionarios hacia militantes del PRM, con supuesto respaldo de Luis Abinader, rompe con la tradición histórica de los presidentes dominicanos de premiar a sus seguidores.
En el escenario político dominicano, la lealtad partidaria ha sido históricamente recompensada con cargos públicos. Sin embargo, según un análisis publicado este domingo, el presidente Luis Abinader se aparta de esa norma, pues funcionarios de su gobierno se expresan despectivamente de los militantes del Partido Revolucionario Moderno (PRM), lo que ha generado un debate nacional sobre la gratitud política.
El columnista Danilo Cruz Pichardo recuerda que desde Juan Bosch en 1963, pasando por Joaquín Balaguer, Antonio Guzmán, Salvador Jorge Blanco, Hipólito Mejía, Jacobo Majluta, Leonel Fernández y Danilo Medina, todos los presidentes han dado prioridad a sus correligionarios en la administración pública. Bosch incluso aplicó una ‘aplanadora’ contra empleados públicos para abrir espacio a sus seguidores, un exceso que, aunque criticado, demostró gratitud.
Cruz Pichardo subraya que no hay diferencias sustanciales entre los partidos actuales (PRM, Fuerza del Pueblo, PLD y PRD), y que todos los dominicanos tienen derechos constitucionales, incluido el acceso al trabajo. Por ello, la supuesta actitud de Abinader de maltratar a los perremeístas resulta contradictoria y sin precedentes en la historia social del país.
El autor critica la tendencia a culpar al gabinete y eximir al presidente, una herencia de la cultura trujillista que persiste en la población. Afirma que cuando un gobierno es desastroso, el único responsable es el jefe de Estado, especialmente si controla todos los poderes, como ocurre en la actualidad.
Este análisis invita a reflexionar sobre la relación entre el poder y la base política, un tema que resuena no solo en República Dominicana, sino en toda América Latina, donde la lealtad partidaria sigue siendo un factor clave en la distribución del poder.










