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Politica

Luis Abinader y la juventud política dominicana

La política dominicana ha experimentado en los últimos años una transformación que merece ser observada más allá de la coyuntura partidaria: la incorporación de una nueva generación a espacios donde tradicionalmente se han tomado las grandes decisiones. En ese proceso, la figura del presidente Luis Abinader ocupa un lugar importante, porque parte de su legado político podría estar relacionado no solamente con haber alcanzado la Presidencia de la República, sino también con haber contribuido a abrir espacios para jóvenes dentro de las organizaciones políticas y de las estructuras del Estado.

Uno de los rasgos que considero más relevantes de su liderazgo ha sido precisamente la confianza depositada en una generación que durante mucho tiempo reclamó oportunidades reales de participación. Abinader comprendió que renovar la política no consiste simplemente en sustituir nombres o colocar rostros jóvenes en determinadas posiciones, sino en permitir que nuevas generaciones asuman responsabilidades, administren instituciones, dirijan equipos, participen en la formulación de políticas públicas y tengan la oportunidad de demostrar su capacidad a través de resultados.

En el Partido Revolucionario Moderno (PRM), esa visión también se reflejó en sus estructuras y en la incorporación de dirigentes de nuevas generaciones a diferentes niveles de participación y dirección. La importancia de este proceso no reside exclusivamente en la edad de quienes ocupan determinadas posiciones, sino en haber contribuido a modificar una cultura política en la que durante décadas los jóvenes fueron vistos principalmente como una fuerza de movilización electoral y no necesariamente como actores con capacidad para participar en las grandes decisiones.

Porque una generación política no se construye únicamente en las universidades, en los movimientos juveniles o pronunciando discursos sobre el futuro; se construye cuando recibe responsabilidades reales y cuando quienes tienen el poder comprenden que preparar el relevo también significa compartir oportunidades. En ese sentido, muchos jóvenes han recibido algo que en política puede resultar incluso más importante que un nombramiento: la confianza para dirigir, aprender, corregir y demostrar que pueden aportar al desarrollo de su país.

Este fenómeno también ha tenido repercusiones sobre el sistema político dominicano, porque la renovación generacional obliga a los demás partidos a mirar hacia sus propias estructuras y preguntarse qué espacios están ofreciendo a sus jóvenes. Esa competencia puede resultar saludable para nuestra democracia, especialmente si consigue que la juventud deje de ser considerada únicamente como un segmento electoral y pase definitivamente a formar parte del pensamiento, la dirección y la construcción de propuestas dentro de las organizaciones políticas.

Sin embargo, abrir espacios tampoco significa que la juventud constituya por sí sola una credencial suficiente para dirigir. Ser joven no sustituye la preparación, la ética, la capacidad ni el compromiso con el servicio público. Quienes hoy reciben oportunidades tienen también la responsabilidad de demostrar que el relevo generacional puede venir acompañado de nuevas prácticas, mayor transparencia, innovación y una comprensión diferente de las necesidades de una sociedad que cambia aceleradamente.

La generación dominicana que ha crecido conectada a la tecnología, observando el mundo desde una perspectiva más global y relacionándose de manera diferente con las instituciones ya no acepta fácilmente la idea de que para participar en política necesariamente hay que esperar décadas. El mundo contemporáneo exige preparación, capacidad y resultados, y la política dominicana tendrá que continuar adaptándose a esa realidad si pretende mantener conectadas a las nuevas generaciones con la vida democrática.

Por eso, cuando en el futuro se examine este período de nuestra historia, habrá que observar un fenómeno que trasciende al propio PRM: la progresiva normalización de la juventud en los espacios de poder. Luis Abinader será evaluado por sus aciertos y desaciertos de gobierno, como corresponde a cualquier presidente en una democracia, pero también habrá que colocar en perspectiva su contribución a que una nueva generación comprendiera que la política no tiene por qué ser una casa reservada para los mismos nombres, las mismas edades y los mismos dirigentes.

El verdadero legado no será que determinados jóvenes hayan ocupado cargos durante un período, sino que otros, al verlos allí, hayan comenzado a imaginarse también sirviendo a su país y hayan dejado de preguntarse “¿cuándo me tocará?” para comenzar a preguntarse “¿qué puedo aportar?”. Porque cuando una generación deja de esperar permiso para participar y comienza a prepararse para asumir responsabilidades, ya no estamos hablando solamente de un relevo generacional, sino de una transformación de la cultura democrática dominicana.


Por Kary Ramírez Almonte

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