SANTO DOMINGO. República Dominicana atraviesa un momento que obliga a formular una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿está perdiendo el Estado dominicano la batalla contra la delincuencia?

En las últimas semanas, varios hechos violentos han estremecido a la sociedad. Ya no se trata únicamente del atraco en una esquina, del arrebato de un celular o del robo de una motocicleta. Algunos delincuentes están penetrando en viviendas habitadas, sometiendo familias, amarrando personas, golpeando a sus víctimas y, en los casos más graves, dejando consecuencias mortales.
La preocupación aumenta porque el hogar, considerado tradicionalmente el último refugio de seguridad de una familia, también está siendo escenario del crimen.
El caso de Julián Oro Duro estremeció al país
Uno de los episodios más graves ocurrió en Santo Domingo Este, cuando varios individuos penetraron en la residencia del merenguero Julián Oro Duro. El asalto terminó con su esposa, Zeneida Socorro Castillo, muerta, mientras el artista resultó herido.
La Policía Nacional informó posteriormente que durante la investigación fueron recuperados US$33,690 y RD$196,500, además de joyas y otras pertenencias relacionadas con el hecho, y anunció varios arrestos. Este caso mostró hasta dónde puede llegar un asalto domiciliario cuando los delincuentes están dispuestos a emplear violencia para conseguir su objetivo.
Kenny Grullón: sometido dentro de su propia vivienda
Poco después, el reconocido actor y humorista Kenny Grullón también fue víctima de un violento robo dentro de su residencia. Según las informaciones publicadas sobre el caso, el atacante penetró por la parte trasera de la vivienda, amenazó al artista, lo sometió y amordazó antes de sustraer dinero y otras pertenencias.
El sospechoso fue posteriormente detenido y, según informaciones atribuidas a las autoridades, figuraba con antecedentes relacionados con otros hechos delictivos. El episodio volvió a plantear otra interrogante: ¿qué está ocurriendo con la reincidencia y con personas que, pese a registros anteriores, continúan representando un peligro para la sociedad?
Ahora Altamira: empresario brutalmente golpeado
A estos hechos se suma el ataque contra un empresario y tabaquero en Altamira, Puerto Plata, quien fue brutalmente golpeado durante un asalto dentro de su residencia. Las imágenes difundidas posteriormente muestran las lesiones sufridas en el rostro de la víctima.
De acuerdo con las informaciones publicadas, los delincuentes lo sometieron dentro de su vivienda y escaparon después de sustraer dinero. Tres acontecimientos diferentes, en lugares distintos y con circunstancias particulares, pero con un denominador común que preocupa: delincuentes penetrando viviendas mientras sus propietarios se encuentran dentro.
¿Qué está generando tanta violencia?
Sería irresponsable atribuir toda la criminalidad dominicana a una sola causa. Detrás del fenómeno pueden confluir delincuencia organizada y común, circulación ilegal de armas, reincidencia, narcotráfico, conflictos sociales, vulnerabilidad económica, deficiencias preventivas y problemas dentro del propio sistema de justicia.
Pero hay algo que el Estado debe observar cuidadosamente: la aparente pérdida del temor de determinados delincuentes a las consecuencias de sus acciones. Entrar a una vivienda habitada supone asumir que habrá resistencia y que el robo puede terminar convertido en agresión, secuestro, heridas graves o asesinato.
Las estadísticas oficiales dicen que el crimen ha bajado
Existe, sin embargo, una realidad que no puede omitirse. Las cifras oficiales presentadas por la Policía Nacional indican que la tasa acumulada de homicidios se encontraba en 7.36 por cada 100,000 habitantes al 25 de septiembre de 2026, frente a 8.74 en igual período de 2025 y 13.20 en 2022. Las autoridades también reportaron una reducción de 40.5 % en los robos denunciados respecto al mismo período del año anterior.
Es decir, los datos disponibles no permiten afirmar responsablemente que República Dominicana atraviesa una explosión general de todos los delitos. Pero ahí precisamente aparece una de las grandes contradicciones del momento: si los indicadores están mejorando, ¿por qué una parte de la población continúa sintiéndose insegura?
Las estadísticas no pueden ser la única respuesta
Un Gobierno tiene derecho a mostrar los avances conseguidos en materia de seguridad, pero las estadísticas tampoco pueden convertirse en una respuesta automática frente al miedo ciudadano. La seguridad no solamente se mide contando homicidios y robos. También se mide preguntando si una madre se siente segura llegando a su casa de noche; si un comerciante puede cerrar su establecimiento sin temor; si una familia puede dormir tranquila y si el ciudadano siente que detrás de la puerta de su vivienda existe realmente protección.
La percepción de inseguridad también importa porque modifica la manera en que vive una sociedad. Cuando las personas dejan de utilizar prendas, reducen el efectivo que llevan consigo, colocan cámaras, levantan verjas, instalan alarmas y cambian sus rutinas por temor a convertirse en víctimas, existe un problema que el Estado no puede ignorar.
¿Perdió entonces el Estado dominicano la batalla?
Los números actuales no permiten responder categóricamente que sí. La reducción de homicidios y robos constituye un avance que debe reconocerse. Pero tampoco puede declararse ganada una batalla simplemente porque una gráfica haya descendido. El verdadero éxito de una política de seguridad no consiste únicamente en apresar al delincuente después del crimen: consiste en evitar que el crimen ocurra.
Capturar al responsable después de que una familia fue traumatizada es importante. Recuperar el dinero robado es importante. Presentar al acusado ante la justicia es indispensable. Pero ninguna de esas acciones devuelve una vida perdida ni elimina completamente las secuelas que deja un asalto violento.
Prevención, no solamente reacción
El país necesita continuar fortaleciendo el patrullaje preventivo, la inteligencia criminal, la investigación, el control de armas ilegales y la coordinación entre Policía Nacional, Ministerio Público y sistema judicial. Pero también necesita enfrentar seriamente la reincidencia. Si una persona acumula múltiples antecedentes y continúa regresando a las calles para cometer delitos violentos, entonces no estamos únicamente frente a un problema policial: estamos frente a una falla de toda la cadena de seguridad y justicia que merece ser examinada.
La delincuencia no puede convertirse en un debate exclusivamente político. No debería importar qué partido gobierna cuando una familia dominicana es asaltada dentro de su propia casa. La seguridad es una responsabilidad fundamental del Estado.
Después de los casos de Julián Oro Duro, Kenny Grullón, el empresario atacado en Altamira y otros episodios violentos registrados en el país, la pregunta permanece abierta: ¿está ganando realmente el Estado la batalla contra la delincuencia, o estamos viendo nuevas modalidades de criminalidad que requieren una respuesta diferente?
La respuesta no puede encontrarse únicamente en una estadística. Se encontrará el día en que el ciudadano pueda caminar por su comunidad, trabajar, abrir su negocio y cerrar la puerta de su casa sin sentir miedo.









